viernes, 13 de marzo de 2020

Día 104º de la pandemia del Covid-19

Día 104º de la pandemia del Covid-19. Continúo asintomático. Ayer pude hablar con algunos médicos. Me aconsejaron que no bajase la guardia y que me tomase la temperatura con frecuencia. Uno de ellos, con resignación, me confesó que en un plazo de unos tres años el 100% de la población habrá tenido contacto/padecido el Covid-19. Hay que hacerse a la idea: el Covid-19 se quedará en la sociedad de por vida, como lo ha hecho la gripe. Todo dependerá de la facilidad de mutación que tenga para que se desarrollen fármacos eficaces que lo detengan, como sucede con la gripe.


Por su parte nuestro presidente central hizo públicas medidas económicas para contrarrestar el efecto que este virus está provocando en este sentido. La valoración de estas medidas se las dejo a los economistas. Como ciudadano con límites de perspectiva me interesan más las de Sanidad y aquí nuestro presidente  puso énfasis haciendo un llamamiento a la "unidad, responsabilidad y disciplina social", como recurso para superar esta crisis.


Por orden: "Unidad". Imagino que apela a que todos los partidos deben remar en el mismo sentido, porque se trata de un problema de todos. Habrá que agradecer a la oposición que aparque sus deseos de recuperar el poder... y olvide cómo se comportó el partido ahora en el gobierno cuando armó el ruido que armó cuando la "crisis del Ébola", en la que hubo solo un infectado y fue por una personal negligencia absoluta del propio infectado, como se pudo comprobar.


"Responsabilidad"... la misma que tuvieron miembros del gobierno que sin escrúpulo alguno hace solo cinco días organizaron por todo el país manifestaciones en su beneficio político y que ahora empiezan a sufrir sus consecuencias: dos ministros del gabinete actual han confirmado positivo del Covid-19.


Y finalmente "disciplina social"... que cada uno piense lo que quiera. ¿Alguien se ha fijado cuánta basura hay en las cunetas de las carreteras? Hay poca gente que tire botellas, papeles, colillas desde el coche... pero para la poca que es, ensucian muchísimo. Pues lo mismo con el Covid-19.


Pero confiemos en nuestras autoridades (porque no tenemos otras).

jueves, 12 de marzo de 2020

Día 103º de la pandemia del Covid-19

Día 103º de la pandemia del Covid-19. Sigo asintomático. Ayer me preguntaron por qué me declaraba asintomático. Quizá Angela Merkel se haya adelantado a responder por mí: el 70% de los alemanes se infectará con este virus. España no se alejará mucho de esta estadística. Yo no sé si ya estoy infectado. Solo confirmo que no estoy manifestando síntomas que me hagan sospechar de un posible contagio e infección en curso, lo cual no descarta que lo padezca. En España la cifra de infectados es de 2.240, de los que han fallecido 55 y se han curado 138. No me gustan nada estas cifras. Eso quiere decir que hay 2.047 personas que están flotando entre UCI, hospitales y cuarentenas domiciliarias sin que la ciencia pueda explicarles exactamente qué hacer. Lo malo es que si comparamos nuestras cifras con el resto del mundo, España sigue empeorando su respuesta a la pandemia.


La OMS, en un alarde de compromiso con la humanidad, ayer declaró el brote Covid-19 pandemia global. Reconforta saber que su director general manifieste su preocupación por los niveles alarmantes de propagación del virus. La única pega está en qué quiere decir "preocuparse", porque eso ya lo está la gente. Sería mejor que expusiese una batería de actuaciones internacionales y exigiese su cumplimiento por parte de los gobiernos, pero... esta pandemia no es el cambio climático, aunque da la impresión de que aquí igualmente cada uno va a tirar por donde más le interese.


Mientras en Madrid el gobierno autonómico parece que se anticipe a las medidas que lentamente está tomando el gobierno central. En Valencia la gente sigue discutiendo sobre la suspensión de su fiesta más emblemática. Nuestro presidente autonómico, con su buen criterio, espera suspender las clases la semana que viene, coincidiendo con las vacaciones ya programadas. De esta manera da dos días más, hoy jueves y mañana viernes, para que el virus pueda seguir expandiéndose. Un genio. Aunque en su favor está pensar que qué más da que el virus se propague dentro de las escuelas si luego los niños van a verse en los parques donde los llevan sus padres y abuelos por no saber a dónde ir.


De todas formas, sigamos confiando en nuestras autoridades (porque no tenemos otras).



miércoles, 11 de marzo de 2020

Día 102º de la pandemia del Covid-19

Dia 102º de la pandemia del Covid-19. Sigo asintomático. Anoche nuestros presidente dio su primera rueda de prensa desde que el virus llegó a España. Con muy buen criterio apeló a la conciencia ciudadana. No explicó por qué se estuvo reteniendo la información de infectados durante varios días y se alentó asistir a las manifestaciones a las mujeres simpatizantes de los partidos que gobiernan (porque a las de otros partidos las echaron de allí), para justo al día siguiente empezar a anunciarse de manera un tanto desordenada las medidas más restrictivas. Nuestro presidente tampoco anunció la suspensión de Las Fallas. Eso lo tuvo que hacer nuestro otro presidente, el local, justo 15 minutos después de la intervención del nacional. Interesante. Ayer una muy buena amiga pasó un muy mal trago ya que un pariente muy cercano suyo estuvo en urgencias aquejado de neumonía. Al final fue diagnosticado de una fuerte bronquitis, lo que no deja de ser delicado. En una población cercana a Valencia, de golpe, de la noche al día, 12 infectados más (pero no corren peligro, dicen). Por su edad no estuvieron en las manifestaciones gubernamentales del 8 de marzo aunque quizá sus nietas sí. Seguiremos con este diario y confiemos en nuestras autoridades (porque no tenemos otras).

Dia 101º de la pandemia del Covid-19

Hoy, día 101 de la pandemia covid-19, mi estado es asintomático. Recordemos que entre el primer caso detectado y yo (y también cualquiera que lea este mensaje) solo hay siete personas como máximo de por medio. Sin embargo, el caso más próximo que conozco es una persona amiga de un amigo. También he comprobado que un bar a 150 metros de mi domicilio regentado por chinos ha optado por hacer cuarentena voluntaria. Seguiremos informando. Sin dramatizar y que no cunda el pánico. Confiemos en nuestras autoridades (porque no hay otras).

viernes, 29 de septiembre de 2017

Si solo fuese un partido de fútbol


Había una vez un poblado donde se vivía el fútbol con especial pasión. En cada partido del equipo local la gente se implicaba de tal manera que una victoria se celebraba con fiesta para todos y la derrota, por contra, se sentía como un funeral.

Llegó el día que tocó jugar el encuentro más importante del campeonato. Un choque decisivo, tanto que la gente se lo tomó como el ser o no ser. Lógicamente el estadio se llenó a rebosar, despertando el interés de todos los medios de comunicación tanto locales como foráneos. Era el partido del siglo.

Ya en juego, dado lo igualado que estaban los dos equipos y que el marcador no acababa de inclinarse en uno u otro sentido la tensión se fue apoderando de las gradas. Llegó el momento en que todas las decisiones arbitrales eran protestadas por el impaciente público que quería que su equipo ganase como fuese pero que ganase.

Y llegó la jugada conflictiva. El delantero centro resbaló y cayó en el área visitante. La gente se levantó de sus asientos reclamando penalti porque el árbitro había dejado que siguiese el juego. El presidente del club viendo que no se concedía la pena máxima incitó desde la megafonía a la gente para que saltase al campo y presionase al árbitro. En pocos minutos sobre le césped había una multitud de seguidores, eso sí, con alegría y en tono festivo, interrumpido el partido. La directiva seguía lanzando consignas por los altavoces: este penalti se va a lanzar sí o sí.

Entonces el árbitro prefirió refugiarse en los vestuarios, pero uno de los jueces de línea no tuvo inconveniente en retomar el mando y ordenar que el penalti fuese lanzado. Como era de esperar el equipo contrario no colaboró y sin portero el lanzamiento fue un mero trámite. El equipo local se había proclamado campeón unilateralmente ante la algarabía de casi todos los asistentes a tal espectáculo.

Claro está que la historia no acabó ahí. Tras esos gravísimos incidentes la Federación de Fútbol aplicó el reglamento: clausurar el estadio para toda la temporada por alteración del orden público con el agravante de haber interrumpido el desarrollo del partido incidiendo en el resultado; suspender a perpetuidad a los miembros de la directiva por alentar a la masa para que invadiese el terreno con el ánimo de adulterar la evolución del juego e imponer una multa cuantiosa al juez de línea por colaborar directamente con todos los altercados pese a que se estaba atentando directamente contra el reglamento.

Mientras los medios de comunicación comentaban tanto los hechos como la proporcionalidad de la sanción, la Prensa local no salía de su sorpresa por la falta de sensibilidad con que la Federación había tratado al equipo. En esencia no importaba que hubiese sido o no penalti, lo grave era que esa Federación había sido capaz de anteponer el reglamento a los sentimientos de miles de aficionados que se identificaban con unos colores y unos ideales deportivos. En definitiva, denunciaban una falta de respeto y un atropello de los derechos no solo de los del club sino de todas las personas que lo componen y que con esa postura federativa tan autoritaria no habría ninguna posibilidad de diálogo.

Y ninguno de los habitantes de aquella población quiso entender que ni los reglamentos ni las leyes pueden saltarse por mucho sentir general que uno comparta.