martes, 21 de julio de 2026

Mundial 2026: España, esfuerzo y honestidad

 

En Madrid se concentraron cerca de dos millones de personas para recibir a su selección de fútbol tras la obtención del Campeonato del Mundo de manera brillante y merecida. Hay pseudointelectuales, condicionados por un trasnochado eurocomunismo, que desprecia el fútbol, viendo indignados este tipo de manifestaciones colectivas, señalando que es producto de la manipulación de la gente que, aborregada, cae en la vieja trampa del pan y circo.

Con ello confirman su elitista e intolerante ignorancia. No aceptan que el fútbol es el deporte más integrador, totalmente de equipo, donde hace falta reunir y coordinar una serie de jugadores organizados eficazmente en sus respectivas funciones mucho más que el idolatrado virtuoso del balón. Da igual que sean altos y fuertes que bajos, delgados o chaparros… todos los jugadores aportan según sus propias condiciones, todos participan de un esfuerzo colectivo. Por eso los equipos de fútbol, clubes o nacionales, alcanzan ese grado de identificación popular, desde las categorías más humildes hasta las entidades futbolísticas más poderosas del mundo del deporte. Los que lo rechazan, en su animadversión futbolera, son capaces de proponer alternativas como el tenis, el golf… pasatiempos exclusivos de sociedades más desarrolladas económicamente. Habría que preguntarles si alguna vez han visto a algún caboverdiano en tenis o en golf alegrar tanto a sus conciudadanos como su selección de fútbol en el pasado mundial.

No. El fútbol no es el circo que estos pseudointelectuales denuncian. El fútbol es el deporte que más se practica por su propia esencia, tan abierta que vale igual para todos los países del mundo. Y por esa dimensión social que alcanza, no está libre de que exista gente -también los políticos se apuntan- que aproveche para vender un espectáculo que, por cierto, da lugar a un movimiento económico que, con los impuestos derivados, cubre muchos más recursos sociales e, incluso, subvenciona publicaciones que detestan el fútbol.

Detrás de todo ese odio al fútbol, en el fondo, hay un remordimiento: se dan cuenta de que la gran mayoría de la gente prefiere apoyar y celebrar desinteresadamente -no obtiene más beneficio que una pequeña dosis de alegría- los éxitos de sus jugadores por su esfuerzo y honestidad, que a las convocatorias de los políticos, capaces de generar desconfianza, radicalismo y pesimismo con tal de permanecer en el poder.

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