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viernes, 30 de abril de 2021

Pastoreo

 

El origen del pastoreo se remonta al neolítico. El primitivo cazador vio que acompañando rebaños en su búsqueda de nuevos pastos se garantizaba una serie de beneficios (alimento, pieles…) reduciendo su esfuerzo notablemente. El paso siguiente fue la domesticación de esos animales que se sometieron con relativa facilidad: con ello el hombre, que pasó de cazador a pastor, se responsabilizaba de encontrar mejores pastos y abrevaderos a cambio de unas concesiones.

 Para el rebaño era una situación altamente beneficiosa: ya no tenía que temer los ataques de los depredadores porque el pastor se encargaba de protegerlos; ya no dependía del las rutas establecidas para buscar el alimento porque el pastor era capaz de encontrar nuevos recursos; ya no tenía que refugiarse improvisadamente de las inclemencias del tiempo porque el pastor le resguardaba en su establo, incluso ya no temía a las enfermedades porque el pastor buscaría su cura… y como es lógico, a cambio de protección, alimento, refugio y salud el pastor se cobraba su pequeño precio: la producción de leche, su lana y, lo más doloroso, de vez en cuando el sacrificio de algún miembro del rebaño.

 Ya no estamos en el neolítico, sin embargo la idea de rebaño dirigido por pastores sigue vigente. Para el colectivo sigue siendo más ventajoso sentirse protegido. Por eso se rinde a las exigencias de su pastor, que incluye, entre otras, una resignada aceptación de la pérdida de algunos individuos. Porque el pastor ha sabido grabar en la mente de su rebaño que es mucho mayor el beneficio que el riesgo.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Si solo fuese un partido de fútbol


Había una vez un poblado donde se vivía el fútbol con especial pasión. En cada partido del equipo local la gente se implicaba de tal manera que una victoria se celebraba con fiesta para todos y la derrota, por contra, se sentía como un funeral.

Llegó el día que tocó jugar el encuentro más importante del campeonato. Un choque decisivo, tanto que la gente se lo tomó como el ser o no ser. Lógicamente el estadio se llenó a rebosar, despertando el interés de todos los medios de comunicación tanto locales como foráneos. Era el partido del siglo.

Ya en juego, dado lo igualado que estaban los dos equipos y que el marcador no acababa de inclinarse en uno u otro sentido la tensión se fue apoderando de las gradas. Llegó el momento en que todas las decisiones arbitrales eran protestadas por el impaciente público que quería que su equipo ganase como fuese pero que ganase.

Y llegó la jugada conflictiva. El delantero centro resbaló y cayó en el área visitante. La gente se levantó de sus asientos reclamando penalti porque el árbitro había dejado que siguiese el juego. El presidente del club viendo que no se concedía la pena máxima incitó desde la megafonía a la gente para que saltase al campo y presionase al árbitro. En pocos minutos sobre le césped había una multitud de seguidores, eso sí, con alegría y en tono festivo, interrumpido el partido. La directiva seguía lanzando consignas por los altavoces: este penalti se va a lanzar sí o sí.

Entonces el árbitro prefirió refugiarse en los vestuarios, pero uno de los jueces de línea no tuvo inconveniente en retomar el mando y ordenar que el penalti fuese lanzado. Como era de esperar el equipo contrario no colaboró y sin portero el lanzamiento fue un mero trámite. El equipo local se había proclamado campeón unilateralmente ante la algarabía de casi todos los asistentes a tal espectáculo.

Claro está que la historia no acabó ahí. Tras esos gravísimos incidentes la Federación de Fútbol aplicó el reglamento: clausurar el estadio para toda la temporada por alteración del orden público con el agravante de haber interrumpido el desarrollo del partido incidiendo en el resultado; suspender a perpetuidad a los miembros de la directiva por alentar a la masa para que invadiese el terreno con el ánimo de adulterar la evolución del juego e imponer una multa cuantiosa al juez de línea por colaborar directamente con todos los altercados pese a que se estaba atentando directamente contra el reglamento.

Mientras los medios de comunicación comentaban tanto los hechos como la proporcionalidad de la sanción, la Prensa local no salía de su sorpresa por la falta de sensibilidad con que la Federación había tratado al equipo. En esencia no importaba que hubiese sido o no penalti, lo grave era que esa Federación había sido capaz de anteponer el reglamento a los sentimientos de miles de aficionados que se identificaban con unos colores y unos ideales deportivos. En definitiva, denunciaban una falta de respeto y un atropello de los derechos no solo de los del club sino de todas las personas que lo componen y que con esa postura federativa tan autoritaria no habría ninguna posibilidad de diálogo.

Y ninguno de los habitantes de aquella población quiso entender que ni los reglamentos ni las leyes pueden saltarse por mucho sentir general que uno comparta.

martes, 20 de junio de 2017

La muerte de un torero


Hace dos días nos alcanzó la desgraciada noticia que informaba sobre la muerte de un torero. Y digo desgraciada en todos los sentidos. Porque es una desgracia que una persona relativamente joven pierda la vida. Es desgracia en la manera en que lo hace, arriesgándola para disfrute de un público de oscuros gustos. Desgracia porque el espectáculo se monta sobre la crueldad y el sufrimiento de un animal. Y desgracia porque además, al pobre toro, de nada culpable de esta muerte, no lo salva nadie.
 
Nadie se puede alegrar de la muerte de nadie, si mantenemos un mínimo de coherencia entre esos ideales animalistas y el respeto a la vida. Es una grave contradicción y aquellos que han festejado esta muerte deberían replantearse sus principios. Quizá más que amor a los animales profesen de forma encubierta una enfermiza misantropía. Los animales no son más que el refugio de su desprecio al mundo de los humanos.
 
Personalmente no me alegro de esta muerte. Lo reconozco. Pero tampoco la lamento. Ante la muerte de un torero en el ruedo aplíquese esa coherencia a la que antes he apelado. Que se sepa, un torero que muere en la plaza no es un héroe ni un valiente, simplemente él se lo ha buscado. Que no reclame mi pesar, que no se lo merece. Porque cada vez que un torero salta a la arena sabe qué se juega. A vida o muerte. Lo hace voluntariamente. Por eso no le lloro. Viven del dolor, justo es que el dolor se los lleve.
 
Solo pido que con su muerte se pueda cerrar este espectáculo por falta de público.

 

sábado, 5 de diciembre de 2015

Insectos


         Con frecuencia comparan nuestras modernas ciudades con un hormiguero, en especial al referirse a las grandes macrourbes. La imagen salta a la vista cuando miramos el denso tráfico de los vehículos circulando por un puente. Se cruzan en ambos sentidos como una hilera de hormigas en busca de su fuente de alimentos.

         El aglomerado de edificios también nos recuerda a una colmena. Nuestros panales crecen hacia las nubes en irregulares rascacielos. A través de las ventanas al trasluz se perfilan las siluetas de las abejas en su trabajo. Cada cuadradito semeja una celda donde las ninfas reciben el alimento seleccionado para determinar su especialización. Aquí no hay miel, ni hay ninfas... solo negocios y acciones que se cotizan en bolsa.

         Vistos bajo esta perspectiva no se diferencian tanto los hombres de los insectos. Solo nos faltaba saber que según ciertos entomólogos los insectos también tienen sentimientos, son capaces de responder proporcionalmente a la intensidad de los estímulos y ajustar su comportamiento según las circunstancias. Y, al igual que los humanos, se intuye que la ajetreada vida de un hormiguero o de un panal provoca estrés en sus individuos. Lo dicho... nos parecemos demasiado.


domingo, 29 de noviembre de 2015

Presente


El presente se escurre por nuestras vidas con vertiginosa rapidez. ¡Imparable, a quién no le gustaría detenerlo y eternizarlo a su antojo! Quizá por eso últimamente se escucha con insistencia eso de vive el presente con la intención de disfrutar su intensidad. Esta expresión solo confirma la falta de imaginación de quienes la divulgan. Todos vivimos en el presente. Igual los activos que los pasivos y ninguno más que otro.

El presente es simplemente el punto de intersección entre el pasado y el futuro. En el conviven ambos tiempos. Los recuerdos permiten revivir el pasado y los deseos e inquietudes anticiparnos el futuro. Los dos en un único cruce temporal que constantemente se está alejando de su principio y acercando a su fin.

Siendo el presente el más condicionado de todos los tiempos, aprendamos a disfrutarlo en su brevedad. Aprovechémoslo para rectificar lo que del pasado se pueda cambiar y preparemos un futuro lleno de experiencias que nos enriquezcan de conocimientos y de satisfacción.

Lo contrario es perder el presente, es perder el tiempo.


miércoles, 11 de noviembre de 2015

Violencias


         Cuando una mujer es asesinada por su (ex)pareja en cierta medida todas las mujeres deberían sentirse asesinadas. Todas las mujeres y también todos los hombres, porque la violencia se ejerce sobre la especie humana, no lo olvidemos. Y si callamos nos convertimos en cómplices.

         El tema es lo suficientemente serio como para ser tratado en profundidad y no dejarlo en manos de furibundas reivindicaciones guiadas por el rencor. Tildarlo de violencia de género o patriarcal conlleva a criminalizar a los hombres y desde ese epígrafe las leyes que tratan de regularlo siguen mostrándose ineficaces, máxime porque dividen en vez de unir, para erradicar esta lacra social.

         Se trata de violencia dentro del ámbito familiar porque si el número de mujeres asesinadas en 2013 fue de 48, también hubo 16 hombres muertos por sus (ex)parejas. No dejemos de lado los parricidios, 19 niños (¡5 por sus padres y 14 por sus madres!) ese mismo año, ni el creciente número de jóvenes violentos que acaban con la vida de sus padres.

         Cometemos un error si atendemos estas cifras de manera independiente pues en su origen comparten el mismo foco: una institución, la familia, que no acaba de adaptarse al ideal de una sociedad moderna donde deberían convivir mujeres y hombres libres por igual.


domingo, 8 de noviembre de 2015

Oxímoros


         Con frecuencia una misma realidad conjuga situaciones opuestas. Vivimos en el mundo de los contrastes y, por muy injustificados que se presenten sabemos que están ahí. Pobreza y riqueza,  miseria y lujo, hambre y opulencia. Esta intersección de contradicciones señaladas en nuestra sociedad también caricaturiza al ser humano, acertado en ideas la mayoría de las veces y traidor en sus actos por no saberlas respetar. Es paradójico desde su esencia y tiene el mérito de hacer convivir dentro de su natural antonimia oposiciones totalmente incompatibles.

         Oxímoros andantes, los humanos se retan haciendo justo lo contrario de lo que piden. Se ha generalizado en exceso vivir de espaldas a la coherencia. Por eso resulta fácil reunir en una manifestación a antiabortistas reclamando la pena de muerte, antitaurinos pidiendo la tortura para el torero o incluso furibundos pacifistas haciendo frente a la policía.

         Todo este sinsentido parte de la inestabilidad intelectual del individuo para proyectarse en grupos manipulados a golpe de frases y consignas que arraigan en sus sentimientos y ahogan su capacidad de razonamiento. Así acaban defendiéndose con argumentaciones viscerales en un órdago a la paradoja y al disparate, por no decir a engañarse a sí mismos.


martes, 27 de octubre de 2015

Sexos


         No hace tanto tiempo despareció del carnet de identidad español el apartado donde se recogía la profesión del individuo. Una  acertada medida, máxime en los tiempos actuales porque un ciudadano medio acaba ejerciendo oficios y trabajos muy diversos dependiendo de las circunstancias.

         Todavía este documento registra el apartado dedicado al sexo. Cuando se tiene un hijo la primera pregunta siempre, indefectiblemente siempre, es el sexo, a lo que los padres contestan con determinación. Nadie duda. En cambio se ha demostrado que se tiene no un sexo, sino tres, por lo menos: el biológico, el que uno mismo se reconoce y la tendencia sexual elegida para establecer relaciones. Además en cualquiera de los tres casos, gracias a la tecnología, se puede cambiar a lo largo de la vida.

         Esto simplemente confirma que la distinción de sexo carece de sentido. Somos todos iguales, somos personas y tenemos plena libertad para decidir cómo queremos realizarnos. Aceptemos el sexo como un referente que enriquece al individuo y superemos una tradición que lo ha utilizado para clasificar y delimitar a la gente.

         Seamos consecuentes: el sexo es una elección personal y no una imposición social.


miércoles, 21 de octubre de 2015

Ruleta rusa


         En el límite del todo o nada a una jugada la ruleta rusa llega al extremo del desquicio. Una bala, seis recámaras, un giro del tambor, la punta del cañón sobre la sien, se aprieta el gatillo... En 1937 Georges Surdez introdujo este juego en uno de sus cuentos desde donde se extendió por todo el mundo.

         Creemos que exclusivamente lo pueden practicar personas desesperadas que desprecian todo. Sirviendo en bandeja la muerte a su destino se trata de encontrarla en un gesto absurdo, tan fácilmente evitable con tan solo no participar. Sin embargo, es posible que olvidemos que muchos ya hemos puesto nuestras vidas sobre el tapete en alguna ocasión, pese a haber recibido más de una advertencia.

         Seguramente conocemos a alguien que ha perdido la vida en actos como montar en el vehículo de un amigo que ha tomado de más o consumir sustancias de composición desconocida. Se dejaron llevar por el momento ¡cómo no vas a acompañar a un amigo! No estaban desesperados, simplemente cometieron una irresponsabilidad. Una y definitiva.

         No hace falta un revólver ni balas para participar en la ruleta rusa. Existen otras opciones con resultados similares.


jueves, 15 de octubre de 2015

Curanderos


La iridología, la quiropráctica, la fitoterapia o la homeopatía, siendo consideradas como una alternativa a la medicina convencional, todavía no han podido probar estadísticamente su eficacia. Con atribuidos milenios de antigüedad, llevan décadas en la sociedad moderna pero sus resultados no logran despegarse de los índices de los tratamientos placebos. La fe y voluntad de sus pacientes sostienen un negocio solo justificado porque ofrece consuelo al desesperado.

Con nada que perder, estas medicinas extrapolan los males y las enfermedades al entorno de las personas, generando círculos de todo tipo: ambientales, emocionales, habituacionales... desde donde se focaliza el origen de todos los males. Por eso el primer paso de un tratamiento alternativo consiste mediante una adecuada palabrería en ganarse la confianza de un paciente por lo general desencantado, si no desahuciado por los otros médicos.

Hoy nuestros iridólogos, quiroprácticos, fitoterapeutas y homeópatas trabajan con modernas puestas en escena, sofisticados montajes con la tranquilidad que da saber que sus pacientes no tienen cura. Solo un título expedido en oscuros cursillos de dudoso reconocimiento los diferencia de los curanderos, sanadores y santeros. El resto lo aporta el paciente: enfermedad, confianza y mucho dinero.


martes, 6 de octubre de 2015

Soma


Para los felices habitantes del mundo de Aldous Huxley el soma reunía todas las ventajas del cristianismo y del alcohol y ninguno de sus inconvenientes. Ofrecía unas vacaciones de la realidad y volver de las mismas sin siquiera un dolor de cabeza. El soma, la droga perfecta, era el resultado de la investigación durante seis años de dos mil farmacéuticos y bioquímicos al servicio del estado.

El soma en la ficción literaria no tenía más finalidad que apaciguar a sus consumidores. Nuestras drogas reales, no importa que sean legales o ilegales, que sean blandas o duras, activas o placebos, naturales o de diseño, originales o genéricas en cierta medida coinciden con esa idea de apartar a la gente de los asuntos de estado por lo que cualquier debate sobre ellas se plantea de por sí inútil.

Si acaso, Huxley, fantaseando sobre una felicidad dirigida, dejó de lado la terrible tendencia que tiene nuestra sociedad hacia la autodestrucción. Por eso el tráfico de drogas implica poder, corrupción y muchísimo daño en un confuso reparto entre víctimas y culpables. Huxley se equivocaba, no puede existir la droga perfecta.


sábado, 3 de octubre de 2015

Desorden


         Despiertan la envidia aquellos que son exquisitamente ordenados. Tienen cada cosa en su sitio, no hay papel suelto, ni bolígrafo sobre la mesa. Nada se apila sobre nada porque los libros ocupan sus estanterías, la ropa en los armarios y cada prenda en su correspondiente cajón. La gente ordenada no solo ordena sus pertenencias, también su tiempo. Manejan agendas en las que se registra lo que va hacer ese día, esa semana y ese mes. Por horas, por sesiones.

         Otros, en cambio, viven el sobresalto. Soñolientos todavía, cuando las neuronas no más han empezado a removerse con el primer sorbo de café en el desayuno caen en la cuenta de lo que hay que hacer durante el día. Vestirse deprisa, mirar el reloj, buscar las llaves, los documentos, salir de casa... y ya en la calle repasar por si se han olvidado justo lo más importante. Y ¡qué más da! Si ya no hay tiempo para regresar... hay que improvisar.

         Quizá no haya tanta diferencia entre unos y otros. Son distintas formas de combatir el desorden. Sencillamente alteran el momento de la batalla. Los primeros se anticipan y constantemente luchan para no hacerle ninguna concesión. Los segundos, menos constantes, tan solo pactan un acuerdo con el enemigo para evitar el caos: el desorden ordenado o cada cosa más o menos cerca de su sitio.

         Me quedo con estos últimos.


miércoles, 30 de septiembre de 2015

Familia


         Intocable para los tradicionalistas, el valor de la familia como institución viene redefiniéndose desde los mismos orígenes de las civilizaciones. De entrada, el término ya tiene una dudosa etimología en latín haciendo referencia a todos los que convivían bajo un mismo techo, incluidos amos y sirvientes.

         Durante la España franquista y bajo la inspiración eclesiástica la familia se estimuló como célula de la sociedad, es decir, principio elemental con identidad organizativa propia y transmisora de los valores más preciados. Era el Estado y la Iglesia quienes inspiraban el orden y las referencias al pater familias dotado de una incuestionable autoridad reforzada por una fuerte tradición.

         Pero, al igual que a las instituciones estatales, los valores democráticos también llegaron a la familia. Y la autoridad familiar se sometió a la voluntad de sus componentes hasta acabar invirtiéndose el poder de decisión pasando a los hijos, gobernantes por mayoría absoluta en el parlamento doméstico de unos padres serviles que han reducido su labor educativa por dejación de funciones.

         Y una nave a merced de vientos alentados por antojos y caprichos nunca puede llevar buen curso. Una vez más los tiempos exigen una nueva redefinición en la que el principio de autoridad sea ejercido con la responsabilidad pertinente.



jueves, 24 de septiembre de 2015

Decimonónicos


        Llevamos varios pontificados en los que los medios oficiales apuntan hacia una renovación de la Iglesia en un esfuerzo para adaptarse a los tiempos actuales, demasiados confusos para una institución regida por septuagenarios con inspiración decimonónica. Irónicamente insisten en que se proyecta el espíritu revolucionario y reivindicativo de Jesucristo.

        Francisco I no se aparta ni un centímetro de esta corriente, por muy novedosos que quieran presentarnos sus comentarios y actuaciones. En cada una de sus intervenciones, al igual que todos sus inmediatos antecesores, sigue haciéndolo con varias décadas de desfase respecto al mundo laico.

        Descartando el principio de justicia social, donde también manifiestan bastante retraso pese a ser consustancial a su mensaje, para una mentalidad decimonónica sí resulta novedoso que se pida respeto para los homosexuales (aunque a su Dios no le gusta lo que hacen), o que los divorciados no sean tratados como excomulgados... pero siguen sin resolver temas profundos como la función secundaria de la mujer en la Iglesia. Para colmo, la primera vez que un prelado es acusado de pedofilia se produce un juicio interruptus por defunción.

Estos aún no han llegado a los años 80.


lunes, 21 de septiembre de 2015

Carpe Diem


Del lema renacentista que invitaba a aprovechar el momento en oposición a la mentalidad medieval hasta la interpretación que se le da en nuestros días hay mucha diferencia. Hoy se pide vivir el instante, sin observaciones, sin miramientos, sin reflexión.

El carpe diem actualizado llama al desenfreno sin atenerse a las consecuencias. Incita a dejarse llevar cegados por el capricho y los antojos negando las consecuencias. No solo hace referencia a las fiestas y diversiones. Por desgracia, también alude a los sentimientos y al amor. Por eso, en vertiginosa superficialidad, las parejas se montan al primer atisbo de atracción y se deshacen ante la mínima contrariedad. Un tributo a esa exigencia de ser permanentemente feliz jugando con todo lo que nos rodea en cada ocasión.

Esa voracidad festiva de todas formas acaba sucumbiendo ante el peso del tiempo, su principal enemigo. Las secuelas pueden hacerse esperar, pero siempre aparecen. Para entonces el recuerdo de épocas pasadas, cuando se vivió alegremente, torna aquella dulzura en acritud y generalmente en lamento por no haber sabido sacar provecho del tiempo debidamente.


viernes, 18 de septiembre de 2015

Apátridas


Si los apátridas uniesen sus voces y clamasen su universalidad con todas sus fuerzas acabarían derribando las fronteras hasta confundirlas con el suelo igual que las trompetas de las gentes de Josué con su estruendo derrumbaron las murallas de Jericó.

Nacemos desnudos y apátridas. Después el pudor nos viste y el miedo nos entrega a una tierra para que bajo el rigor de sus leyes y tradiciones nos absorba a través de sus raíces, nos inmovilice el cuerpo y bloquee el espíritu hasta anular la conciencia de ciudadano universal. Así, una vez integrados en una patria el corazón vibrará al son de un himno y los temores se cobijarán bajo el manto de una bandera tan estrecha y limitada que nos hará desconfiar de los que vivan fuera de ella.

Los apátridas se despojan de esa identidad artificial impuesta para recuperar un alma nómada que les permita sentirse más próximos al resto de los seres humanos, hablen, recen o vivan de maneras muy diferentes. Porque un apátrida entiende de lo que comparte y no de lo que le diferencia.


jueves, 3 de septiembre de 2015

Señales


         Hay un tipo de supersticiosos que ven señales por todas partes: un encuentro fortuito, un objeto que se rompe, un reloj que se detiene a una hora determinada... Ven presagios por todos sitios.

         Generalmente, según su interpretación, muchos de esos sucesos anuncian desgracias. Inevitables desgracias. Estos pobres agoreros deben de sufrir algún maleficio, porque el futuro se les revela encriptado y solo son capaces de entenderlo cuando ya todo ha tenido lugar. Entonces caen en la cuenta de lo que el destino les quería adelantar pero para lamento suyo no supieron adivinarlo ni tomar las precauciones debidas.

         Hay otro tipo de señales que no anticipan el futuro sino que reflejan un presente. Más que señales son indicios que llevan asociados unas consecuencias casi implícitas. Son pura lógica. Quizá de tan obvias y palpables por sutiles nadie les hace caso y acaban cumpliendo con su irremisible destino.

         Atentos, pues, a esas señales porque si las tratamos con acierto podemos prevenir frustraciones y desencantos, especialmente cuando hacen referencia a las relaciones entre personas. No es una adivinanza.


viernes, 28 de agosto de 2015

Principitos


         La inocencia de Le Petit Prince consigue que sus preguntas más sencillas desplacen la lógica pragmática de los adultos para reclamar una interpretación más espiritual de la realidad.

         Son los detalles insignificantes los que guardan el secreto de la existencia, los que rebosan el alma y la defienden del materialismo. Tan solo basta pararse y apaciguar las ansias estimuladas por la ambición y la envidia para abrir la mente a otros estados de ánimo mucho más gratificantes, mucho más reconfortantes y mucho más próximos a nosotros mismos.

         Le Petit Prince no es que aporte alguna novedad a la historia del pensamiento, que no. En casi todas las culturas se hace hincapié en el error de priorizar la materia, las posesiones y el poder ante la naturaleza espiritual de las personas. La obra de Antoine De Saint-Exupéry a través de una tierna ficción, ahí su mérito, nos invita a que todos seamos un poco principitos recuperando nuestra cosmovisión más elemental para volver a entender las cosas como en nuestra infancia ya olvidada.

         Y en efecto, el mundo es menos complicado.

         

martes, 25 de agosto de 2015

Loterías


         Hay dos tipos de ricos: quien nace en una familia rica y quien desea serlo. Conseguirlo es otra cuestión. Bertrand Russell se preguntaba no falto de ironía ¿de qué serviría hacer rico a todo el mundo, si los ricos también son desgraciados? Sin embargo, en torno a ese ideal, la riqueza, se ha organizado todo un mundo, o mejor dicho varios mundos que son ya parte inherente de nuestra sociedad.

         Si el hecho de nacer se entiende como la primera experiencia aleatoria que tenemos, podemos afirmar que los hijos de ricos ya fueron agraciados en la lotería del nacimiento. Por eso los juegos, sorteos y apuestas son algo así como una segunda oportunidad. Con un golpe de fortuna, un boleto exclusivo elige de entre millones de anónimos humanos a uno que a partir de ese momento entrará a formar parte del envidiado grupo de los ricos.

         Mientras, al igual que supuestamente los no natos flotan en el limbo con la incertidumbre de ser sorteados, los demás deambulamos por el mundo de las limitaciones económicas, consolándonos con ideas como el dinero no da la felicidad y hacer la espera más entretenida.


sábado, 22 de agosto de 2015

Infancia


         El proteccionismo desmesurado está ejerciendo tanta presión sobre la educación que ha llegado a pervertir la manera de entender la infancia. Hoy un niño vive en una burbuja de realidad virtual donde se debe evitar cualquier tipo de situación o circunstancia que puedan provocar el menor atisbo de trauma.

         Pero la realidad es más severa: si un niño toma un cuchillo se corta; si ingiere unas pastillas se intoxica y si se asoma por la ventana puede caer. Empeñados en no dejar nada al alcance de los niños, los medios incitan a ocultar la muerte o el dolor alimentando otra perversión: el consentimiento total, creando con ello a un tirano del capricho.

Olvidan que el verdadero aprendizaje se consolida con la experiencia, con el conocimiento del medio, y se madura especialmente con los contratiempos, más si se logran superar con éxito. De lo contrario, se consigue que la infancia, en su sentido más estúpido, se prolongue en la adolescencia y sobrepase edades mayores.

Al final, a falta de personas que hayan madurado, tendremos una sociedad de niños grandes con un grave inconveniente: no habrá adultos que puedan educar a los pequeños.