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viernes, 11 de diciembre de 2015

Flores


         Los románticos eligieron las flores para representar el amor. Su ternura, su fragilidad y su belleza. También por su forma de estimular los sentidos al tacto y al olfato encajan perfectamente en el sentimiento de los enamorados que aprovechan cualquier excusa para acompañar de una flor su te quiero.

         El poeta inglés Alfred Tennyson lamentaba el destino tan cruel que los enamorados deparaban para las flores: morían arrancadas por los amantes. Olvidaban que muy probablemente ese amor firmado con los pétalos de una flor acabaría languideciendo y marchitándose con la misma brevedad. Amantes y flores compartían la fugacidad del momento.

         Goethe, por el contrario, prefería hablar a las flores. Las seducía con la palabra para entenderlas mejor. Una vez entablada la amistad las tomaba desde las raíces y las trasplantaba. No moría la belleza, es cierto, a cambio de perder la libertad reducida a una taciturna maceta.

         Los enamorados eligen bien para mostrar su amor. También ellos sucumben con efímera pasión tras el ímpetu inicial o se consumen dentro de una trampa de donde es imposible escapar.

Porque hay amores que matan. Los otros, quizá, no sean amor.


sábado, 14 de noviembre de 2015

Olimpiadas


Hay que reconocer que ante un fenómeno tan bien presentado por los medios y acogido por el público calificarlo como el circo de las hipocresías puede parecer exagerado. No lo es teniendo en cuenta que detrás de esta fiesta universal del deporte subyacen unos intereses poco edificantes ya desde su origen.

Cuando Pierre de Coubertin, señorito de familia aristocrática como buen modernista, logró transmitir a sus contemporáneos el entusiasmo por revivir los Juegos Olímpicos, nunca ocultó su percepción clasista del deporte. Podrían participar los amateurs, es decir, los jóvenes de familias adineradas y burguesas que disponían de tiempo y medios para su entretenimiento y se rechazaba a los profesionales, deportistas de origen humilde, que competían bajo el estímulo económico de las apuestas.

Después, los Juegos Olímpicos, ya entregados de lleno a las políticas nacionalistas, sucumbieron al empuje del negocio y acabaron aceptando a los antaño despreciados profesionales del deporte. Con todo, no ha sido esta la traición más destacable: peor es la connivencia entre federaciones y laboratorios para alterar el rendimiento de los deportistas de élite, que se juegan su salud a costa de la efímera gloria del pódium.

Todo bajo la hipócrita tapadera de la confraternidad universal. Porque hasta con las medallas los países ricos siguen machacando a los pobres.


miércoles, 21 de octubre de 2015

Ruleta rusa


         En el límite del todo o nada a una jugada la ruleta rusa llega al extremo del desquicio. Una bala, seis recámaras, un giro del tambor, la punta del cañón sobre la sien, se aprieta el gatillo... En 1937 Georges Surdez introdujo este juego en uno de sus cuentos desde donde se extendió por todo el mundo.

         Creemos que exclusivamente lo pueden practicar personas desesperadas que desprecian todo. Sirviendo en bandeja la muerte a su destino se trata de encontrarla en un gesto absurdo, tan fácilmente evitable con tan solo no participar. Sin embargo, es posible que olvidemos que muchos ya hemos puesto nuestras vidas sobre el tapete en alguna ocasión, pese a haber recibido más de una advertencia.

         Seguramente conocemos a alguien que ha perdido la vida en actos como montar en el vehículo de un amigo que ha tomado de más o consumir sustancias de composición desconocida. Se dejaron llevar por el momento ¡cómo no vas a acompañar a un amigo! No estaban desesperados, simplemente cometieron una irresponsabilidad. Una y definitiva.

         No hace falta un revólver ni balas para participar en la ruleta rusa. Existen otras opciones con resultados similares.


sábado, 3 de octubre de 2015

Desorden


         Despiertan la envidia aquellos que son exquisitamente ordenados. Tienen cada cosa en su sitio, no hay papel suelto, ni bolígrafo sobre la mesa. Nada se apila sobre nada porque los libros ocupan sus estanterías, la ropa en los armarios y cada prenda en su correspondiente cajón. La gente ordenada no solo ordena sus pertenencias, también su tiempo. Manejan agendas en las que se registra lo que va hacer ese día, esa semana y ese mes. Por horas, por sesiones.

         Otros, en cambio, viven el sobresalto. Soñolientos todavía, cuando las neuronas no más han empezado a removerse con el primer sorbo de café en el desayuno caen en la cuenta de lo que hay que hacer durante el día. Vestirse deprisa, mirar el reloj, buscar las llaves, los documentos, salir de casa... y ya en la calle repasar por si se han olvidado justo lo más importante. Y ¡qué más da! Si ya no hay tiempo para regresar... hay que improvisar.

         Quizá no haya tanta diferencia entre unos y otros. Son distintas formas de combatir el desorden. Sencillamente alteran el momento de la batalla. Los primeros se anticipan y constantemente luchan para no hacerle ninguna concesión. Los segundos, menos constantes, tan solo pactan un acuerdo con el enemigo para evitar el caos: el desorden ordenado o cada cosa más o menos cerca de su sitio.

         Me quedo con estos últimos.


miércoles, 30 de septiembre de 2015

Familia


         Intocable para los tradicionalistas, el valor de la familia como institución viene redefiniéndose desde los mismos orígenes de las civilizaciones. De entrada, el término ya tiene una dudosa etimología en latín haciendo referencia a todos los que convivían bajo un mismo techo, incluidos amos y sirvientes.

         Durante la España franquista y bajo la inspiración eclesiástica la familia se estimuló como célula de la sociedad, es decir, principio elemental con identidad organizativa propia y transmisora de los valores más preciados. Era el Estado y la Iglesia quienes inspiraban el orden y las referencias al pater familias dotado de una incuestionable autoridad reforzada por una fuerte tradición.

         Pero, al igual que a las instituciones estatales, los valores democráticos también llegaron a la familia. Y la autoridad familiar se sometió a la voluntad de sus componentes hasta acabar invirtiéndose el poder de decisión pasando a los hijos, gobernantes por mayoría absoluta en el parlamento doméstico de unos padres serviles que han reducido su labor educativa por dejación de funciones.

         Y una nave a merced de vientos alentados por antojos y caprichos nunca puede llevar buen curso. Una vez más los tiempos exigen una nueva redefinición en la que el principio de autoridad sea ejercido con la responsabilidad pertinente.



lunes, 21 de septiembre de 2015

Carpe Diem


Del lema renacentista que invitaba a aprovechar el momento en oposición a la mentalidad medieval hasta la interpretación que se le da en nuestros días hay mucha diferencia. Hoy se pide vivir el instante, sin observaciones, sin miramientos, sin reflexión.

El carpe diem actualizado llama al desenfreno sin atenerse a las consecuencias. Incita a dejarse llevar cegados por el capricho y los antojos negando las consecuencias. No solo hace referencia a las fiestas y diversiones. Por desgracia, también alude a los sentimientos y al amor. Por eso, en vertiginosa superficialidad, las parejas se montan al primer atisbo de atracción y se deshacen ante la mínima contrariedad. Un tributo a esa exigencia de ser permanentemente feliz jugando con todo lo que nos rodea en cada ocasión.

Esa voracidad festiva de todas formas acaba sucumbiendo ante el peso del tiempo, su principal enemigo. Las secuelas pueden hacerse esperar, pero siempre aparecen. Para entonces el recuerdo de épocas pasadas, cuando se vivió alegremente, torna aquella dulzura en acritud y generalmente en lamento por no haber sabido sacar provecho del tiempo debidamente.


miércoles, 19 de agosto de 2015

Juglares


         Hay gente que les pasa de todo o al menos así lo cuentan. Si toman un avión los incidentes empiezan ya en la facturación, siguen en el embarque, continúan durante el despegue, se prolongan a lo largo del vuelo, aumentan en el aterrizaje y, seguramente, no acaban en la recogida de maletas. Siempre hay algo que contar que no le había pasado a nadie más con anterioridad.

         Su vida es un continuo cúmulo de anécdotas, situaciones e historias que se suceden casi sin interrupción. En el fondo no hay nada en todo ello trascendente ni definitivo, pero lo relatan con un entusiasmo y lo transmiten con un tono épico que podrían competir con las más grandes epopeyas de la historia de la Literatura.

         Salvando tanta exageración hay que reconocer que tienen su gracia. Al fin y al cabo esa manera de narrar la monotonía de la vida al menos se sale de lo habitual. Consiguen que un hecho cotidiano deje de ser previsible. Quizá como juglares medievales adaptados a la modernidad encuentran en la épica la manera de amenizar una historia, la suya, que todo el mundo ya conoce.


martes, 4 de agosto de 2015

Propinas



Las propinas suponen un interesante complemento para los sueldos de ciertas profesiones: camareros, taxistas, mensajeros... el cliente satisfecho premia el servicio y lo compensa económicamente. Están tan arraigadas que quien no deja propina queda en mal lugar.

En su origen las propinas en el sentido actual no existían. El cliente valoraba el servicio recibido y según lo apreciaba pagaba por él. Así pues, sin nómina alguna tan solo se ingresaba la voluntad. Pero hoy, el mundo laboral está perfectamente regulado por convenios, acuerdos sindicales y otras leyes. Los trabajadores cobran sus nóminas al igual que las empresas facilitan unas tarifas por los diferentes servicios. En definitiva, todo está estipulado debidamente y cualquier tipo de trabajo sobreentiende un acuerdo tácito entre las dos partes.

Por la misma razón que jueces, médicos o profesores tienen un compromiso profesional con la sociedad y no complementan sus ingresos atendiendo a los servicios prestados, es evidente que la tradicional práctica de dejar propinas se ha quedado obsoleta.

Imaginemos a los alumnos dejando propina a sus profesores cada vez que finalice una clase. Ridículo. Pues igual para todos.



jueves, 23 de julio de 2015

Puntualidad



La puntualidad no se entiende de la misma manera según quien la interprete. Y no se trata de una cuestión cultural ni una forma de abordar la vida. Mucho más sencillo: hablamos de respeto.

Con el tiempo sucede como con el dinero. Para los británicos es oro. Buena apreciación, porque los minutos se escurren irrepetibles y malgastarlos, o mejor dicho, malperderlos debería provocar un profundo remordimiento. De manera irreversible jamás se podrán recuperar.

Aquellos que suelen llegar tarde a sus citas demuestran una gran falta de consideración. Se mire como se mire, se toman el tiempo de los demás a su antojo. Como si todo el mundo estuviese a su plena disposición y no tuviese nada más importante que hacer. Esperarles en su retraso significa castigar a los que son puntuales. Frente a estos maleducados solo se puede responder con el rigor de la puntualidad. Si no aparecen a la hora acordada no queda otra opción que marcharse. Así deberán tomar conciencia de que el tiempo no es un bien que les pertenezca.

No en vano la puntualidad es una cualidad que dice mucho de las personas.

miércoles, 6 de mayo de 2015

Afinidades


        Algunas personas creen que la solidez de una pareja se afianza sobre las afinidades que comparten en común. Piensan que coincidir en gustos, inquietudes y tendencias facilita mucho la convivencia, prolonga las buenas sensaciones e imprime estabilidad. Puede que algo de razón tengan, pero desde luego no es el factor más determinante.

        Uno, porque las almas gemelas no existen. Fueron inventadas por los astrólogos, según afirma el psicólogo argentino Walter Riso. La gente no se da cuenta de que esas coincidencias que cree encontrar en el otro no son más que sus propias proyecciones. Y dos, porque en realidad se trata de episodios simultáneos o paralelos que solo la teoría y la intención llevan a imaginarlos como ese firme lazo capaz de mantener la unidad incluso en los momentos más difíciles.

Pero solo superando con éxito las pruebas, aprendiendo de las experiencias y reforzándose a base de entendimiento y comprensión se mantiene tan deseada unión. Por eso, aquellos que en un principio se sentían tan próximamente afines si son incapaces de saber ponerse en el lugar del otro acabarán distanciándose en cuanto sus vidas evolucionen.


domingo, 3 de mayo de 2015

Eternidad


         Un curioso estudio de cierta universidad norteamericana concluía que si el ser humano no se viese afectado por enfermedades ni envejeciese tendría una vida media de unos dos mil años de duración, tiempo calculado en función a la probabilidad de accidentes mortales que un individuo pueda sufrir.

         Con total seguridad, si pudiese, a la mayoría de la gente le gustaría disfrutar de esos 1920 años más que se pierden por culpa de la naturaleza. La duda está en si valdrían la pena ser vividos. Basta con pensar que nuestros órganos no van a manifestar desgaste alguno, que no habrá ni epidemias ni males que nos hagan conocer el dolor... realmente es tentador.

         En ese supuesto, anclados en una edad indefinidamente intermedia, trabajo, ocio y relaciones humanas ocuparían toda nuestra actividad en una eterna noria de situaciones monótonas y repetidas hasta la desesperación. John Boorman trata la inmortalidad en su película Zardof donde una sociedad elitista está regida por una máquina que castiga a quien se suicida harto de su eternidad devolviéndole a la vida.

         Y es que la cuestión no es no morir, sino saber vivir en condiciones. Y para eso no hace falta ser eternos.      


domingo, 1 de marzo de 2015

Eufemismos


         Los eufemismos no corrigen los defectos, pero según se utilicen los suavizan. Los tontos no saben más por ser disminuidos mentales, los ciegos no ven más por ser invidentes o los gordos no se aligeran por ser obesos. Todos siguen con sus mismos problemas. La cuestión es desarrollar un vocabulario paralelo inspirado en los cultismos, marcado por perífrasis o rodeos, aunque sean absurdos.

         Es posible que los afectados se vean menos molestos con estos términos y solo por eso se justifica suficientemente usarlos. No lo es tanto cuando se abusa haciendo que la sustitución de términos sea tan torpe que solo consigue desplazar la idea inicial.

Vienen al caso propuestas como subsahariano o afroamericano. Ambas aluden al aspecto externo del individuo, marcando claramente una cualidad que inicialmente y desde un punto de vista racista es peyorativa. Las dos tratan de tapar la palabra negro y las connotaciones negativas que arrastra.

Sin embargo, tanto subsahariano como afroamericano han heredando el valor connotativo de negro y en breve tiempo perderán su función eufemística. Además, estas dos soluciones tientan al ingenio para desarrollar antónimos como nordsahariano o euroamericano, con lo que no se avanza nada.


viernes, 20 de febrero de 2015

Enamorarse


         Los científicos, además de desentrañar los misterios del universo, también intentan explicar cómo nos enamoramos. Los estudios ya reconocen la explosión bioquímica que genera la concentración de feromonas y la liberación de oxitocina. Eso es lo que pasa, pero los fabricantes de perfumes y cosméticos y los diseñadores de moda hace tiempo que se habían anticipado en localizar el amor entre olores e imágenes.

         Quizá el que encontró la clave fue el norteamericano Arthur Aron que confeccionó un cuestionario con 36 preguntas que debía responder a modo de conversación cara a cara una pareja de desconocidos. Después de los 45 minutos de pleno diálogo que duraba la prueba ambos notaban que se habían enamorado. Y no había truco.

         O sí. Porque si repasamos esas preguntas vemos que estimulan bioquímicamente diversas áreas del cerebro para generar una atmósfera de relajación, confianza y sinceridad. Al final cada uno proyecta sobre el otro una atracción correspondida llevándose la impresión de que hay una total afinidad entre los dos. Vamos, que sienten que se han enamorado.

         Pero esto tampoco es nuevo. Porque las personas que escuchan y saben comunicarse siempre tienen mayor éxito en el amor que los arrogantes y altivos, aunque fanfarroneen más de sus conquistas. Y es que enamorarse no consiste solamente en remirarse y olisquearse.


domingo, 8 de febrero de 2015

Entrometidos


         Hay gente que parece que no tenga otro entretenimiento que arreglar la vida de los demás. No tienen suficiente con la suya y se entrometen en asuntos ajenos que ni les van ni les vienen.

Y no les basta con opinar, pese a que nadie les haya consultado. No aconsejan, sino mandan. Tratan de imponer su criterio por encima de las opciones que el propio interesado maneje. Su presencia suele ser insistente hasta sentirse insidiosa, machacante e insultante. Hay que hacer lo que ellos digan. Indistintamente se inmiscuyen en temas familiares, amorosos, profesionales e ideológicos porque creen que tienen carta blanca para hacerlo.

Con ello ocultan, como suele pasar en este tipo de personas, sus propios desencantos y frustraciones. Incapaces de encontrarse a sí mismos, indecisos e inseguros, aprovechan las circunstancias de los demás para proyectarse y gobernar sus vidas.

No se trata de saber pararles los pies, algo obligado, sino de tener muy claro que cuando uno toma una determinación, que sea porque uno lo decidió libremente y no bajo la presión de un entrometido, al que luego no encontraremos para reclamarle responsabilidad alguna.


jueves, 5 de febrero de 2015

Tóxicos


         Se agradece y mucho sentirse rodeado de compañeros que apoyan, comparten y empatizan, especialmente en las situaciones adversas. Con ellos se genera una atmósfera de confianza y un buen ambiente de trabajo. Los problemas de uno los son de todos y esa es la mejor manera de sobrellevar la ya de por sí complicada vida laboral.

         Es evidente que si hablamos de una empresa en la que convive mucha gente, no siempre la relación entre los compañeros es la idónea. Suele haber alguno que se considera señalado hasta el punto de imaginar una obsesiva persecución personal cada vez que se toma alguna decisión, que siempre interpretará como perjudicial.

         Incapaz de reconocer su desmotivación, falta de interés y nula participación, su descontento toma forma de una eterna letanía de lamentos y quejas sin consistencia alguna. Para este plañidero que no deja de llorar todo funciona mal, pero si se le invita a proponer alguna solución se refugia en un no sé, no es mi problema retomando en voz baja su triste oración diaria con la que maldice su suerte.

         Ante estos personajes tóxicos y contaminantes existe una respuesta muy sencilla: evitarlos. Afortunadamente siempre hay muy pocos.


lunes, 2 de febrero de 2015

Imitadores


         Sucede a veces que, sin proponerlo, una marcada personalidad se hace contagiosa y de pronto puede verse acompañada por otra persona que día a día va adaptando sus hábitos, sus expresiones, su ropa, su peinado... hasta convertirse en un verdadero imitador, cual reflejo de un espejo aunque sin la espontaneidad del original.

         Uno puede tener una forma de ser, una manera de hablar y una tendencia estética. Son marcas y cualidades que definen la personalidad y, según lo firmes, seguros y originales que sean pueden llamar la atención e incluso despertar admiración. Agrada ser reconocido, no ser imitado. Se llega a hacer hasta incómodo tener delante a cualquier hora esa réplica viviente que se surte de todas las propuestas aprovechando su proximidad. Se trata de un verdadero acoso por el uso de la imagen y de los rasgos más personales.

         Habría que preguntar a esos imitadores qué les mueve hasta llegar a ese comportamiento. Posiblemente busquen desmarcarse de las tendencias seguidas por la mayoría y por eso han elegido un formato más próximo. O simplemente esa ausencia de ideas no dejan de ser un síntoma que confirma su evidente falta de personalidad.


domingo, 18 de enero de 2015

Arrepentimiento


Existen muchas formas de desear volver hacia atrás, de desandar el camino andado, de borrar lo que uno ha hecho. De todas ellas, la más elemental y probablemente inútil sea el arrepentimiento.

Uno se arrepiente cuando las consecuencias de una actuación son evaluadas negativamente. No deja de ser un reconocimiento de una acción equivocada o una mala elección, pero con ello no se hace obligatoriamente ninguna propuesta de reposición o corrección, sino un simple no debí hacerlo, que no es lo mismo. Detrás de todo arrepentimiento lo que realmente se encierra es el deseo de que aquello no tenía que haber pasado. El arrepentimiento es un sentimiento que se une al remordimiento, pesadumbre o abatimiento.

Hay mucha gente que tras haber provocado un daño ofrece su arrepentimiento como muestra de buena voluntad tratando de dejar las cosas como estaban antes de lo ocurrido. El gesto puede quedar en solo eso si no va acompañado de una compensación, de una oferta para reducir el dolor y una aceptación sincera de culpabilidad.


jueves, 31 de julio de 2014

Agenda


         No hay que poner en duda la buena intención con que muchos expertos nos aconsejan buenos hábitos de vida para garantizarnos una buena salud. No es solo cuestión de consumir alimentos sanos, sino también distribuir el tiempo a lo largo del día repartido entre trabajo, descanso, relaciones personales y atenciones a uno mismo.

         De las 24 horas descartamos ocho para dormir. El resto se cubre con la jornada laboral, desplazamientos, ejercicio físico, comidas sanas, labores domésticas, vida social y familiar y las imprescindibles lecturas. De verdad, si realizamos todo esto diariamente con los tiempos aconsejados, necesitaríamos unas 30 horas o caeríamos fulminados por el estrés intentando cumplir con todo sin conseguir nada.

         Dada la imposibilidad, recortaremos de las horas de descanso, suprimiremos el ejercicio físico, dependeremos de las comidas rápidas, no atenderemos debidamente la casa, ni a la familia ni a los amigos, pasaremos de la lectura... En consecuencia, tendremos al perfecto desgraciado solitario abandonado de su familia y sus amistades, propenso a padecer enfermedades cardiovasculares y sufrir una profunda depresión...

         Eso o programar nuestra agenda diaria como mejor podamos.



sábado, 19 de julio de 2014

Inmejorable

  
         Por encima de lo idóneo, lo óptimo y lo mejor de lo mejor está aquello que ya no se puede mejorar: lo inmejorable.         

Podríamos interpretar que detrás de alcanzar algo inmejorable hay una fuerte satisfacción, una sensación de haber logrado lo imposible, aunque también un cierto tono de conformismo ya que si celebramos un acierto cualquiera calificándolo de inmejorable en el fondo estamos renunciando a buscar otras opciones más adecuadas.

         Sea cual fuere el sentido que le demos a la palabra, la verdad es que se echa de menos un adjetivo que le corresponda como antónimo directo, ya que estrictamente mejorable, lo que se puede mejorar, lo es.

         Se trata de encontrar un término que califique aquello que sea tan malo que peor, imposible. Con una sola palabra. Y ahí el léxico popular se detiene y reconoce que no, que no se encuentra entre los millones de palabras que componen nuestro idioma un vocablo que designe aquello que ya no puede empeorar más, dejando abierta la idea de que siempre existe algo todavía peor.

         Será que cuando nos encontramos mal, basta echar un vistazo por los alrededores y fácilmente encontraremos a otro que esté peor que nosotros. Y este, a su vez, sin esfuerzo se consolará al ver a otro peor todavía. Un consuelo... de tontos.

miércoles, 16 de julio de 2014

Pausas


Hay días en que uno se levanta muy filosófico, con ganas de ordenar su vida. De dar un repaso a lo que ha sido, lo que es y lo que desearía que fuese. Y lo que a uno le llenaría de satisfacción sería sentirse ancho, inmenso, rebosante de haber obtenido todo lo que realmente se proponía. Sin embargo, lo que a uno acaba de hundir es que de todo lo que soñaba, sólo esbozos, sólo apuntes van surgiendo y para colmo todos son torcidos, caricaturas de unos ideales que le sumen en una profunda decepción.
       
Hay días en que uno debe pedir una pausa a la vida. Un alto en el camino que oriente y defina el punto de fuga desde el horizonte con una única obsesión de encontrarse a sí mismo.

        Las pausas bien hechas implican una reflexión, una revisión y una evaluación del trecho recorrido. Las pausas bien hechas proyectan un objetivo, un ideal y un sueño. Las pausas bien hechas configuran ese lugar que no retrocede porque el pasado no se puede ya modificar ni avanza porque los deseos en esos momentos son siempre intangibles.