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miércoles, 23 de diciembre de 2015

Herodes


         La Historia reservó el trono de los infanticidas al rey Herodes el Grande (73-4 a. C.). La matanza de inocentes ha venido representándose con especial énfasis en los cuadros religiosos donde los miles de cuerpos de niños se apilaban en montones o yacían diseminados entre ríos de sangre. Tal fue la maldad del despiadado rey.

         Se exagera cuantificando por miles las víctimas. Con ingenio el cineasta Luigi Magni en su película Según Poncio Pilatos bromea sobre las cifras, llegando a la conclusión de que en una pequeña aldea como Belén entonces habría entre cinco o siete niños como máximo. Con ello minimiza la magnitud del crimen restando méritos al infanticida más importante de la historia.

         El caso es que salvo el Evangelio de Mateo ningún historiador de la época confirma este deplorable pasaje. Algunos incluso sostienen que Herodes murió antes de que Jesucristo naciera. Con todo, descartada la veracidad de tan horribles hechos, un buen Portal de Belén no puede prescindir del palacio de Herodes, como recóndito refugio del mal que acecha, justo la noche en que reina el mensaje de paz universal.


jueves, 26 de noviembre de 2015

Comedias


La comedia ha servido en clave de humor para montar una vía de escape ante las presiones de la realidad. Los buenos comediógrafos no han guardado respeto por valores intocables y con total irreverencia se han reído de instituciones sacras como la familia, la autoridad y la religión.

Sirvan estas líneas para rendir un merecido homenaje a autores como Aristófanes, Terencio, pasando por nuestros grandes clásicos Lope, Cervantes o Calderón, abriendo espacio a Shakespeare o a Molière, hasta llegar a los grandes del cine como los geniales Chaplin, Lubitsch o Wilder.

No importa en qué época vivieron. Todos ellos condenaron los prejuicios, la hipócrita moral, los convencionalismos y el totalitarismo a base de liberar espontánea y fresca la naturaleza humana.

Conviene, siguiendo su ejemplo, frivolizar ante acontecimientos, especialmente aquellos que por su relevancia pesan tanto que nos asfixian. Ver la vida con un toque de humor no soluciona ningún problema, pero llorando tampoco mejoramos la situación. Por eso más vale reír y enfrentarse con ánimos al lado más absurdo de la vida.


domingo, 18 de octubre de 2015

Impuestos


         Desde siempre el mundo de la cultura reclama un menor tipo impositivo para sus actividades, pues las considera de interés general. Todos los intelectuales secundan esta reivindicación señalando que los libros, la música, el teatro o el cine son industrias que benefician sustancialmente a todos. Y no les falta cierta razón.

         El principal obstáculo radica en definir qué es arte y cultura. Difícilmente se puede encontrar literatura en publicaciones como Belén Esteban. Ambiciones y reflexiones o venerar como un clásico el Aserejé aunque se escondan bajo el formato de libro y de música, por poner dos ejemplos.

         Dejando al margen la calidad artística, sabemos también que detrás de un Premio Planeta o de un Grammy se sigue potenciando un negocio con la finalidad de obtener mejores rentas. Con una bajada de impuestos serían las grandes editoriales, discográficas y productoras las que obtendrían mayores ventajas económicas, hecho que les permitiría controlar mejor el mercado y en definitiva imponer al público sus propios criterios estéticos y artísticos más todavía.

         En definitiva. Aunque en origen se puede entender que el artista medio saldría ganando, en el fondo acabaríamos entregándolos a las multinacionales. Vista la situación, aceptemos como mal menor que con los impuestos se contrarrestan las desigualdades, incluso en el arte.

         

domingo, 3 de mayo de 2015

Eternidad


         Un curioso estudio de cierta universidad norteamericana concluía que si el ser humano no se viese afectado por enfermedades ni envejeciese tendría una vida media de unos dos mil años de duración, tiempo calculado en función a la probabilidad de accidentes mortales que un individuo pueda sufrir.

         Con total seguridad, si pudiese, a la mayoría de la gente le gustaría disfrutar de esos 1920 años más que se pierden por culpa de la naturaleza. La duda está en si valdrían la pena ser vividos. Basta con pensar que nuestros órganos no van a manifestar desgaste alguno, que no habrá ni epidemias ni males que nos hagan conocer el dolor... realmente es tentador.

         En ese supuesto, anclados en una edad indefinidamente intermedia, trabajo, ocio y relaciones humanas ocuparían toda nuestra actividad en una eterna noria de situaciones monótonas y repetidas hasta la desesperación. John Boorman trata la inmortalidad en su película Zardof donde una sociedad elitista está regida por una máquina que castiga a quien se suicida harto de su eternidad devolviéndole a la vida.

         Y es que la cuestión no es no morir, sino saber vivir en condiciones. Y para eso no hace falta ser eternos.      


martes, 10 de marzo de 2015

Actores


         El mundo de la interpretación se abre a los sueños de todo aquel quiere llegar a triunfar en la escena. Multitud de jóvenes se ven seducidos por la imagen de los que protagonizan películas, actúan en series de televisión y disfrutan de la fama con el calor del público.

         Sin embargo el camino que hay que recorrer hasta el éxito, muchas veces efímero, es duro, complicado y, sobre todo, lleno de obstáculos generalmente intencionados. Al acabar los estudios de arte dramático lo más frecuente es no tener trabajo, presentarse a castings ya decididos, soportar a los hijos de famosos, competir con el intrusismo profesional... Al final, las oportunidades para un verdadero actor de escuela son muy pocas.

         No se puede olvidar que el cine es más industria que arte y vive de la explotación económica de las películas. Por eso, para manipular al público que sostiene este negocio se hace necesario acostumbrarlo a unas caras y a familiarizarlo con unos nombres determinados. Para ello se trabaja con un número reducido de actores, que por cierto, destacan más por su imagen que por su calidad interpretativa.

         Y así sucede en España, en Francia y en Hollywood. Y si no te gusta, búscate una producción independiente.


domingo, 7 de diciembre de 2014

Doblajes


         Un sector del público viene reclamando con insistencia que las salas de cine aumenten el número de pases de películas en su versión original. Aparentemente con este gesto pretenden poder disfrutar la obra directa tal y como fue concebida. Resaltan que con ello percibiríamos las voces de los actores junto a la frescura de los diálogos, evitando la simplificación del doblaje y la manipulación, voluntaria o por incompetencia, de los traductores. Añaden que así sucede en la mayoría de los países europeos.

         No cabe duda de que el doblaje a otra lengua nos aleja de la obra que en origen produjo el director, y por lo tanto, todo lo anteriormente expuesto es lógico y convincente. Hasta cierto punto. Porque la supervivencia de la industria del cine recae totalmente en el público que asiste a las salas. En beneficio del propio negocio hay que acomodarse a las condiciones y, teniendo en cuenta el nivel lingüístico general imponer versiones originales sería definitivo, máxime en tiempo de crisis.

         Y no olvidemos que el cine además de imagen es palabra y como arte con texto, la traducción es la única manera de llegar a otras culturas. La versión original puede ser atractiva, pero yo prefiero un buen y esmerado doblaje para una película noruega, húngara, iraní o, por qué no, anglosajona o francesa.


lunes, 5 de mayo de 2014

Olimpo


         Si para la cultura clásica el monte Olimpo representaba la morada de los dioses, en nuestros tiempos también deberíamos dar un lugar singular donde supuestamente conviviesen los personajes que más han marcado el pensamiento de la sociedad moderna. Quizá el nombre de ese sitio sea lo de menos, porque no forman parte de ninguna teología y, si de ellos hubiese dependido, seguramente hubiesen preferido no traspasar la frontera del mito aquellos que lo hicieron.

         Filósofos como Bertrand Russell, Jean-Paul Sartre; escritores como James Joyce, Gabriel García Márquez; cineastas como Stanley Kubrick, Orson Welles; pintores como Salvador Dalí, Pablo Picasso... y así una serie de influyentes pensadores y creadores todos universales y desde su muerte, todos inmortales.

         Mas resaltemos que la admiración que merecidamente se les puede profesar debe ceñirse a la dimensión artística e intelectual donde destacaron y evitar caer así en la idolatría. No hay que buscarles más allá de sus trabajos y creaciones, ni sería conveniente. Porque, efectivamente, eran seres humanos, especiales, diferentes, pero humanos y como tales, en la mayoría de los casos, mientras impresionaban al mundo con sus obras, compartían una convivencia muy difícil y complicada con quienes le rodeaban. No nos corresponde invadir su intimidad.

 

miércoles, 19 de febrero de 2014

Piratas


        Los gobiernos occidentales al servicio de las multinacionales van tomando la costumbre de, según qué período de su legislación, aprobar alguna ley anti pirateo. En su desfachatez ilustran las noticias con cifras astronómicas señalando el dinero que pierde la industria, los impuestos que se evaden y los miles de puestos de trabajo que se pierden por culpa de esta práctica, así la califican, ilegal.

        A esos datos tan manipulados que nos tratan de embutir se les contesta con otros abrumadoramente superiores, producto de una renovación tecnológica y una adaptación a los cambios que el mundo de la música alternativa y el cine independiente han sabido aprovechar. Hoy el número de músicos y actores que viven de su trabajo se ha multiplicado por diez en el mundo y es difícil cuantificar su capacidad de creación artística, constante y desbordante.

        Sospecho que detrás de estas propuestas oficiales, además de un colaboracionismo con el oscuro negocio de la industria musical y cinematográfica, hay otro interés mucho más peligroso: crear una conciencia generalizada de culpabilidad y así, todos delincuentes, atenazar nuestros movimientos internáuticos por miedo a las consecuencias legales.