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lunes, 23 de febrero de 2015

Superman


Si tuviésemos que señalar qué producto norteamericano ha calado mejor por el mundo, nos llevaríamos una sorpresa. Ni la Coca-Cola, ni sus enormes automóviles, ni siquiera el rock o el jazz... nada de eso. Genuinamente norteamericano y exportado internacionalmente: Superman.

El buen chico aglutina todos los valores juveniles propuestos por los grupos más conservadores. Desde la ficción peleó contra el nazismo durante la II Guerra Mundial, contuvo posibles invasiones extraplanetarias a lo largo de la guerra fría, y actualmente desmonta grupos terroristas procedentes del integrismo islámico. Además tiene plena conciencia del cambio climático, total respeto por la biodiversidad universal y, como signo de humanidad, también ama.

El caso es que en un principio Jerry Siegel y Joe Shuster crearon un superhéroe, allá por 1938, un poco más oscuro, con poderes limitados para desmontar el crimen organizado de su época. Con el tiempo sus editores fueron dotándole de más superpoderes hasta convertirlo en un semidiós sin ocultar cierta iconografía religiosa. Así superviviente de una catástrofe planetaria, muerto y resucitado tras reducir al mayor enemigo del universo es el salvador del mundo llegado de las estrellas.

La juventud norteamericana puede decir bien fuerte: In God and Superman we trust!


jueves, 31 de enero de 2013

Batman




De todos los superhéroes del cómic norteamericano posiblemente el único que puede rivalizar con los mitos clásicos sea Batman.

         Cuando en 1939 Bob Kane publicó su primera aventura en Detective Comics pensó en una alternativa al superhéroe de la luz, Superman. Transformó la versión diurna de Nueva York, Metrópolis, en la lóbrega y taciturna ciudad de Gotham y mientras el kryptoniano salvaba al mundo, el murciélago combatía insaciablemente el crimen y la corrupción.

Batman sigue las mismas pautas que los héroes clásicos, condenados por el rigor del destino. La oscuridad del personaje radica en su propia naturaleza: sentenciado a vengar eternamente la muerte de sus padres, su insatisfacción aumenta cada vez que derrota al mal. Su espíritu no podrá tener jamás descanso.

         Batman merece entrar en el Olimpo.