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lunes, 19 de junio de 2017

Un ejemplo de neolengua

Hoy me han pasado la Guía breve no sexista del lenguaje en el ámbito sanitario. No voy a comentar el grado de estupidez que alcanza tanto por el desconocimiento del idioma -tiene una redacción torpe e imprecisa- como lo retorcido de sus propuestas para solucionar aquellos conflictos sexista que su obsesionada mente aprecia en el lenguaje.
 
Por encima de esta guía hay un intento deliberado de utilizar el lenguaje como un arma política y acentuar el control ideológico sobre la gente, en este caso del personal dedicado a la sanidad. Y se hace de la manera más descarada y dictatorial, registrando el contenido de informes, normas y todo tipo de protocolos que necesite un mínimo de redacción. Con otras palabras, esta guía es un arma capaz de controlar el día a día de todas estas personas y catalogarlas según el grado de aceptación y uso.

Además de Sanidad también tienen guías Educación, Justicia... En efecto, es un claro ejemplo de neolengua de Orwell: por la palabra al pensamiento.

Este uso pretendidamente no sexista del lenguaje es practicado con cansina insistencia en la política por los partidos que se autoabanderan con el progresismo de la izquierda. De todas formas la derecha política lo tiene muy fácil para neutralizar estas propuestas... simplemente con compartirlas. Si escuchásemos al Sr. Rajoy dirigirse a todos y todas los y las españoles y españolas... incluso parecería más de centro y aunque también parecería más estúpido, todo hay que reconocerlo.
 
Pero bromas al margen. Esto es más serio de lo que se puede uno imaginar. Porque no es una propuesta... es una norma que se ha de cumplir allá donde la administración está en manos de estos partidos. Partidos en los que detrás de su etiquetado de izquierda subyace un fascismo peligrosísimo.
 
Menos mal que en España la mayoría de la gente no lee, para bien o para mal.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Violencias


         Cuando una mujer es asesinada por su (ex)pareja en cierta medida todas las mujeres deberían sentirse asesinadas. Todas las mujeres y también todos los hombres, porque la violencia se ejerce sobre la especie humana, no lo olvidemos. Y si callamos nos convertimos en cómplices.

         El tema es lo suficientemente serio como para ser tratado en profundidad y no dejarlo en manos de furibundas reivindicaciones guiadas por el rencor. Tildarlo de violencia de género o patriarcal conlleva a criminalizar a los hombres y desde ese epígrafe las leyes que tratan de regularlo siguen mostrándose ineficaces, máxime porque dividen en vez de unir, para erradicar esta lacra social.

         Se trata de violencia dentro del ámbito familiar porque si el número de mujeres asesinadas en 2013 fue de 48, también hubo 16 hombres muertos por sus (ex)parejas. No dejemos de lado los parricidios, 19 niños (¡5 por sus padres y 14 por sus madres!) ese mismo año, ni el creciente número de jóvenes violentos que acaban con la vida de sus padres.

         Cometemos un error si atendemos estas cifras de manera independiente pues en su origen comparten el mismo foco: una institución, la familia, que no acaba de adaptarse al ideal de una sociedad moderna donde deberían convivir mujeres y hombres libres por igual.


sábado, 7 de marzo de 2015

La arroba


         Todo indica que el signo de la arroba @ es otro invento de los contables y notarios castellanos como la ñ. Al menos, el uso de este símbolo aparece en un texto de 1448 que registra la llegada de trigo desde Castilla al Reino de Aragón. La informática ha querido que esta grafía específica que designaba una unidad de peso, la arroba, acabase haciéndose de dominio público en todo el mundo con un valor totalmente distinto.

          El usuario llano ha aprovechado que este símbolo ahora figure indefectiblemente en todos los teclados para popularizar diferentes valores, dependiendo del idioma que se hable. En inglés, ellos siempre prácticos, sustituye a la preposición at; en Alemania ha abierto un debate legal por reemplazar a la letra a en el registro de marcas comerciales. Hasta llegar al español donde desde no hace muchos años se utiliza en los textos no sexistas como ambivalente de masculino y femenino.

         Pese a que la Real Academia de la Lengua hace observación de que no es un signo lingüístico y señala que su uso es inadmisible ortográficamente, la arroba está triunfando entre aquellos que creen mostrarse sensibles ante el machismo del lenguaje. Y es que hay t@nt@s que confunden género gramatical y sexo.


martes, 4 de noviembre de 2014

Zorras


         Sabido es que la Asociación de Academias de la Lengua Española  realiza un extraordinario trabajo para el mayor conocimiento de este idioma en todos los aspectos: lingüístico, sociológico, cultural... siendo la confección del Diccionario quizá la obra con mayor divulgación y con mayor atención por parte del público.

         Un buen diccionario debe explicar, que no omitir ni prescribir, todos los términos que una persona podría encontrar en el uso del idioma para facilitar su comprensión. Por definición, un buen diccionario debe reflejar los diferentes significados que una misma voz podría adquirir según qué contextos tanto lingüísticos como extralingüísticos.

         Por tanto, un buen diccionario debe advertir a quien lo consulte que algunas palabras toman connotaciones xenófobas, racistas o machistas según se utilicen. Como es el caso de hombre público (político), golfo (pillo), perro (vago) o fulano (desconocido) en masculino, mientras que en femenino mujer pública, golfa, perra o fulana todas estas acepciones van a parar a la misma actividad. En todos los casos un buen diccionario debe advertir que hay ciertos usos del masculino que no se corresponden de igual manera con el femenino.

         Exigiendo un trato de igualdad, protestan grupos feministas por estas observaciones y tachan la publicación de machista por mantenerlas. Pues neguemos esa diferencia y valgan por igual los dos géneros. De todas formas yo llamo zorros a los hombres astutos, y a las mujeres astutas... astutas. Para qué asumir riesgos innecesarios.