sábado, 13 de diciembre de 2014

Diecisiete


Cuando uno cumple diecisiete años no se puede ser serio. Mal asunto ser serio. Ni serio, ni respetuoso, ni reverente... no se puede cuando uno cumple diecisiete años. Porque cuando uno cumple diecisiete años no tiene pasado, todavía no debe tenerlo, o al menos no debería pesarle. Solo tiene futuro.

La seriedad llega con la gravedad de los años, el respeto con la cautela y, si con el paso del tiempo no se ha marchitado en demasía la imaginación, sobrevive la irreverencia. Por eso, a los diecisiete años no se puede tener obstáculos que impidan responder a la llamada de la curiosidad y la aventura. Dichosos diecisiete años que permiten tomar impulso para volar por primera vez.

Con diecisiete años solo hace falta saber que se tiene diecisiete años. Que el mundo entero está ahí delante esperando. Que con diecisiete años todo está por alcanzar, todo por vivir, todo. Solo hay que prepararse para responder al desafío de los diecisiete años... porque cuando se es mayor de edad ya no se puede volver a tener diecisiete años, y lo que es peor: hay que ir a votar.


miércoles, 10 de diciembre de 2014

Ambigüedades


            El mundo se sostiene sobre las ambigüedades, el doble sentido y las interpretaciones. Los países poderosos viven de los países pobres, los acreedores se enriquecen con los  intereses de sus deudores y los violentos imponen su imperio sobre los pacifistas. Todo se conforma en medio un amasijo de contradicciones.

            Vivimos incomunicados en medio de una multitud y nos regimos por convencionalismos impuestos y arbitrarios que defienden nuestra libertad. Las amistades se abren en la complicidad y se alejan con las complicaciones. El amor se enciende con la pasión y se diluye con la convivencia. Todo se aprecia por valores carentes de rigor en caótico vaivén.

            Combatimos la desesperanza con esperanza, pero la felicidad es un tópico entre tristezas. Al despertar se cercenan nuestros sueños. Hay quien ríe por no llorar, porque nadie llora por no reír. La realidad subyuga nuestros deseos y se predica que después de la muerte viene la vida verdadera.

            Y cuanto más inmóvil se siente uno, sabe que más necesita arrancar.


domingo, 7 de diciembre de 2014

Doblajes


         Un sector del público viene reclamando con insistencia que las salas de cine aumenten el número de pases de películas en su versión original. Aparentemente con este gesto pretenden poder disfrutar la obra directa tal y como fue concebida. Resaltan que con ello percibiríamos las voces de los actores junto a la frescura de los diálogos, evitando la simplificación del doblaje y la manipulación, voluntaria o por incompetencia, de los traductores. Añaden que así sucede en la mayoría de los países europeos.

         No cabe duda de que el doblaje a otra lengua nos aleja de la obra que en origen produjo el director, y por lo tanto, todo lo anteriormente expuesto es lógico y convincente. Hasta cierto punto. Porque la supervivencia de la industria del cine recae totalmente en el público que asiste a las salas. En beneficio del propio negocio hay que acomodarse a las condiciones y, teniendo en cuenta el nivel lingüístico general imponer versiones originales sería definitivo, máxime en tiempo de crisis.

         Y no olvidemos que el cine además de imagen es palabra y como arte con texto, la traducción es la única manera de llegar a otras culturas. La versión original puede ser atractiva, pero yo prefiero un buen y esmerado doblaje para una película noruega, húngara, iraní o, por qué no, anglosajona o francesa.


jueves, 4 de diciembre de 2014

Serpientes


         Un buen día temprano un campesino encontró por el camino una serpiente yerta de frío. Se apiadó de ella y la tomó dándole cobijo entre sus ropas. Al poco rato con el calor la bicha revivió y en cuanto notó la mano de su benefactor le mordió provocándole la muerte.

         Esta historia ya la contaban los griegos y retomada por Samaniego, uno de nuestros grandes fabulistas, en su cometido con ella pretendía advertir a los nobles corazones de que el bien no se puede prodigar indiscriminadamente. No se trata de maldecir a los desagradecidos, porque desagradecido es quien previamente ya recibió favor. Es cuestión de tener la precaución y distinguir entre quienes aparentemente estén necesitados los que efectivamente merecen recibir esa ayuda.

         Y no es tarea sencilla. En el mundo cotidiano las serpientes no van vestidas de serpientes y haylas más de las que uno puede imaginar. Alguno aprovechará el desencanto para renunciar a sus buenas intenciones y, otros, mucho peor, sentirán la tentación de convertirse en serpientes. Por eso se quedan en clara minoría quienes, suceda lo que suceda, lo intentarán de nuevo, se encuentren o no con serpientes. No son tontos, son héroes.


lunes, 1 de diciembre de 2014

Amistad


Para amar solo hace falta que uno ame. Nada más. Se puede amar en secreto, en silencio, a distancia... sin que la persona amada se percate. Se puede amar incluso sin el consentimiento del otro, incluso contra su voluntad. Y aunque el amante sea rechazado, el amor le seguirá consumiendo.

En cambio, la amistad obligatoriamente exige una reciprocidad. Los amigos se reconocen mutuamente. Hay amistades inmediatas, fulminantes. Con todo las amistades más trascendentes nacen de un afecto forjado por el tiempo, por las circunstancias, por la lealtad y el desinterés. Es un vínculo que se renueva prácticamente a diario y se consolida con el paso de los años.

Aristóteles explicaba que sin amistad no se puede vivir. Los amigos hacen falta tanto en la prosperidad como en el infortunio. A lo que podemos añadir que lo que engrandece a una persona es la calidad de los amigos que reúne a lo largo de su vida. Y no olvidemos que los amigos se eligen.