martes, 14 de octubre de 2014

La Historia


No podemos encontrar disciplina humanística más cruel que la Historia. Nacida para retener el pasado, mantener vivos sus protagonistas y válidos sus documentos, la Historia pelea inútilmente contra la perspectiva de los años y una despiadada confusión previa al olvido en esta desmemoriada humanidad.

Simplemente nos basta con mirar que los tres mil años del Antiguo Egipto se condensan en un único tema de los libros de texto en secundaria. O El Sacro Imperio Romano-Germánico al que se le concede una sucinta referencia anecdótica dentro de la infinidad de eventos de la Europa Medieval. No hace falta forzar la imaginación para prever que dentro de no muchos años la II Guerra Mundial, con sus 55 millones de fallecidos, sea explicada de pasada y Vietnam desaparezca definitivamente de la memoria de los estadounidenses y del mundo entero.

Es evidente que nuestra sociedad prefiere hacer de manera inconsciente su propia historia. Una historia más puntual y con menos trascendencia. Una historia que se escriba en un día y se olvide al día siguiente. Una historia que no aburra y que no anuncie que el pueblo que ignora los errores del pasado está condenado a repetirlos, porque hay quien está interesado en ello.


sábado, 11 de octubre de 2014

Simetrías


         Dentro de las distintas maneras de estudiar la simetría, la conocida como simetría bilateral goza de mayor popularidad. Establecido un eje central objetos, elementos o estructuras se distribuyen con absoluta presición en igual posición, forma y tamaño respecto a los dos lados de ese eje.

         Entendida la simetría como una perfección se convirtió en un ideal inalcanzable. Leonardo da Vinci ahí nos dejó El hombre de Vitruvio, un verdadero estudio gráfico de las proporciones de las partes más importantes del cuerpo humano dibujadas desde una concepción básicamente simétrica de nuestra naturaleza. Era el reconocimiento de un orden binario definido por una mente superior, la divina.

         Ahí, de base, nacía el error de Leonardo que le llevaba a ignorar la evidencia, porque el cuerpo humano carece de simetría: ni los ojos, ni los brazos ni las piernas... ni son iguales ni simétricos entre sí. Esa obstinada búsqueda de la perfección en la simetría como una manifestación natural nos sirve de ejemplo: las ideas preconcebidas condicionan nuestra manera de entender la realidad provocando el equívoco. La simetría no es la perfección, sino simplemente un concepto formal de la distribución de los cuerpos.


miércoles, 8 de octubre de 2014

Miniestados


Revisando el mapa político del mundo nos encontramos con que existe algo más de una cincuentena de territorios definidos y estados soberanos cuya extensión no alcanza los mil kilómetros cuadrados. Cada uno formula su razón de existir: anacronías de un pasado medieval, plazas fuertes de una época colonial o una fuerte insularidad. Andorra, Gibraltar o las Islas Bermudas nos sirven de ejemplo. Pequeños en espacio, sin embargo, feroces en la defensa de su autogobierno.

No importan los argumentos que puedan esgrimir sobre su identidad nacional o sus particularidades culturales, porque todo eso, si lo hay, queda en un segundo término. Estos miniterritorios constituyen el mayor fraude económico internacional, actúan de plazas fuertes para las multinacionales y cobijan las fortunas de los mayores estafadores. Ese orgullo patrio con que sostienen sus banderas no es más que una hipócrita coraza.

Desgraciadamente en el mundo también circulan minigobernantes. Son políticos de perspectiva corta, pues tan solo procuran su propio beneficio, que no dudan en alentar el reclamo de una supuesta autodeterminación que por su propia debilidad acabará funcionando con la misma nefasta corruptela de un miniestado en el panorama de las naciones. Y a pesar de todo, hay mucha gente que les cree.


domingo, 5 de octubre de 2014

Desamor


         Uno se desamora lentamente cuando esos pequeños detalles dejan de tener gracia, cuando los nota aburridos, repetidos, cuando ya no bastan para sentir el amor. Uno se desamora cuando esos pequeños detalles no importan y empieza a pedir grandes cambios.

         El desamor llega a traición cuando uno de los dos fuerza a entender la realidad de otra manera, de la manera que antes no quiso verla. No es que las circunstancias hayan cambiado porque todo sigue en su rutina. Lo que cambia es la perspectiva, la manera de mirar, la manera de reclamar y que el otro no sabe dar ahora lo que nunca antes había dado.

         Uno se desenamora con tristeza porque está cansado, porque ya no siente una reciprocidad. A veces no ha sabido amar, a veces no ha sabido pedir el amor. El caso es que previamente al desamor está el silencio, la distancia, y si uno no es capaz de percibirlo esa historia empieza a escribir su fin.

         Uno se desenamora cuando el camino vivido ya no sirve para anunciar un futuro compartido.


jueves, 2 de octubre de 2014

Herejías


         Toda herejía nace del seno del dogma. Las herejías tan solo sirven para comprobar que los credos son piedras francas de las que se moldean todo tipo de interpretaciones.

         Llama la atención la facilidad con que de un mismo texto se desgajan facciones que desde su origen se desautorizan mutuamente de manera automática y radical, en constante competición por apoderarse del único sentido válido de la palabra. Desde el más insignificante gesto hierático son capaces de construir su propia doctrina, de la que a su vez inevitablemente surgirán otras que reinterpretarán a la anterior, formando otro nuevo foco herético.

         En la política, como en las religiones, también hay herejes. Prefieren llamarles disidentes. Entonces, si no son atajados a tiempo pueden crecer hasta formar escisiones que a su vez generarán sus correspondientes biparticiones capaces de devorarse unas a otras en función del número de militantes que arrastren.

         Al fin y al cabo se trata de la eterna guerra entre dogmáticos, heterodoxos y ortodoxos, siempre opuestos en irreconciliables descalificaciones al sentirse respaldados por la verdad absoluta. Una única supuesta verdad que solo sirve para desunir.