domingo, 14 de septiembre de 2014

Dar la vida (por el otro)


         Inevitablemente cuando dos enamorados se juran amor eterno suelen confirmarlo diciendo que serían capaces de dar la vida el uno por el otro, como señal de una entrega mutua absoluta. Visto así, desde el idilio de los enamorados, una relación se tinta de romanticismo, mas, entrados en el día a día no deja de ser una frase tópica y bastante vacía.

         Acaso dar la vida sería arrojarse al mar por el otro tras ser arrebatado por una ola o entrar en un edificio en llamas sabiendo que ha quedado atrapado. Pero no, dar la vida no es una gesta heroica que muestre los extremos del amor. De esos actos heroicos tenemos todos los días ejemplos, donde anónimos héroes se arriesgan por desconocidos, sin esperar nada más a cambio que la satisfacción de haber ayudado.

         No, para dos que se amen, dar la vida debe ser un compromiso diario, un cada día, un cada momento. No hacen falta las heroicidades. Vivir teniendo presente en todo instante que se quiere a una persona para siempre. Y ese desafío, lamentablemente, es mucho más difícil de cumplir.


jueves, 11 de septiembre de 2014

Opio


Los filósofos occidentales denunciaron en su momento el efecto opiáceo de la religión sobre los sectores desfavorecidos. Ese mensaje de amor y resignación, junto a las promesas de una vida mejor en el otro mundo, adormecían el espíritu y calmaban el dolor de las injusticias. Se evitaba así tomar conciencia de clase oprimida.

Y en estos tiempos en que el materialismo y el consumismo han desplazado a la religión, los intelectuales modernos reconocen esa función tranquilizante en una cultura del ocio y la diversión. Así se justificaría que se hayan incrementado los eventos deportivos o se hayan multiplicado las macrofiestas, inocuas actividades masificadas ambas que gozan no solo del beneplácito del estado sino de su respaldo más directo

Dado que todo apunta a que sea un recurso mecánico y fácil del poder para distraer a las masas llegamos a la conclusión de que se trata de una cuestión no de sustancia, sino de esencia. En efecto, también podemos entender que es la plebe la que busca evadirse y distraerse para confiar el gobierno de su destino a aquellos que la prefieren mansa y dormida.



lunes, 8 de septiembre de 2014

Fetiches


Los grandes escritores despiertan la admiración en el mundo de la cultura y el pensamiento por sus planteamientos, sus aportaciones y fundamentalmente por sus obras. Se inmortalizan gracias a que sus palabras se escapan de la materia y el tiempo y llegan directamente a la mente de los lectores. Podríamos prescindir de los manuscritos originales y seguir degustando su arte a través de los nuevos formatos.

Sin embargo, existe un público que da un paso atrás. Hay gente que junto a la admiración profesada además exige un nexo material. Como si a través de ese objeto la comunicación entre autor y lector pudiese ser más estrecha. Y al igual que los peregrinos medievales rozaban con las reliquias de santos la inmortalidad, hoy se amontonan en librerías destacadas y grandes almacenes colas de pacientes feligreses esperando por llevarse un ejemplar firmado de la última publicación de su venerado autor.

Es ley de vida: la esencia del pensamiento tampoco se escapa del circo del mercado. La búsqueda del fetiche se ha convertido en un negocio más y la importancia de las obras se contabiliza por las ventas alcanzadas, no por la influencia con que inspirará a las siguientes generaciones. Los escritores son conscientes de ello y por eso someten sus creaciones al ritmo de una fama que les permita enriquecerse.



viernes, 5 de septiembre de 2014

Errores


        El sentido del humor con que entendía la vida Edward A Murphy se tradujo en una de las leyes no científicas más populares de la historia de la humanidad: lo que pueda salir mal, saldrá mal. La Ley de Murphy tiene una estrecha relación con la Teoría del error inicial que sostiene que algo que va mal fallaba incluso antes de empezar.

        La idea no va desencaminada. Pongamos el caso de esa gente que llega tarde a todos sitios. Además el retraso es acumulativo. Siempre va de prisa, acelerada, pero llega tarde igual. Es evidente que el error inicial estuvo en la hora de salir de casa. Por uno u otro motivo se produce todos los días, en todo momento y parece que sea algo irremediable, pese a que los malos hábitos son corregibles.

        No difiere el caso de aquellos cuyas relaciones sentimentales van de tumbo en tumbo y decepción en decepción. Siempre se enamoran de la persona equivocada y tras el fogonazo inicial el desencanto llama a la ruptura. Y volver empezar. Aquí también podemos aplicar la Teoría del error inicial porque seguro que el fallo principal está en su manera de entender el amor.


martes, 2 de septiembre de 2014

Centro


         Los cobardes ideológicamente se refugian en el centro. Teóricamente ese punto de moderación debe abarcar el equilibrio de posturas tratando de seleccionar lo mejor de la izquierda y de la derecha y postulando una tolerancia, siempre falsa, entre las dos tendencias opuestas. Mero artificio creado por la política para que los ciudadanos tengan un terreno electoral donde divagar indecisos.

         Los intelectuales se cansaron durante la Guerra Fría de elegir entre las dos superpotencias y buscaron una tercera vía. Algo que no estuviese en el centro, que no dependiese de los vaivenes de fuerza y acierto económico de un mundo cada vez más difícil de entender. Por eso tanto Mao, Fidel Castro o el propio Gandhi recibieron su apoyo. Lamentablemente no fueron los mejores ejemplos, lo cual no impide que algunos insistan en la búsqueda de alternativas para inquietud de los gobiernos acomodados.

         El centro es el vórtice de un torbellino donde sucumben las inquietudes de los que no son radicales. En este centro que proponen los partidos políticos se generan las frustraciones y el desencanto por falta de iniciativas. Para colmo en el juego de nuestra enferma democracia, es el centro, según se incline este sumidero de dudas, el que da o quita el gobierno.