domingo, 13 de julio de 2014

Infalibles


         Entre los distintos tipos de personas complicadas que nos rodean sufrimos con mucha frecuencia a los infalibles. Individuos que no se equivocan ni cometen fallos nunca. Eso creen.

         Sorprenden por su extraordinaria habilidad para hacerlo bien... incluso cuando lo hacen mal. Porque ellos no lo hacen mal jamás; siempre tiene otro la culpa, o si no hay nadie a mano para señalar, se excusan de mil maneras: una encerrona, una trampa o previamente ya alguien se había adelantado para provocarle la confusión. A lo sumo, llegan a admitir que hubo un ligero descuido, un lapsus insignificante que no se puede calificar ni siquiera de tropiezo.

         Para ser sinceros, infalible es el Papa y no siempre. Solo cuando promulga un dogma de fe. Lo cual es irrefutable, ya que por definición los fieles deben creerlo y no cuestionarlo jamás. El resto de los mortales de una u otra manera yerra, por muy mal que siente o por mucho que cueste aceptarlo.

         Reconocer un error propio es un gesto que dignifica. Facilita la corrección, anima a los demás a colaborar y con ello todos nos sentimos más próximos fomentándose una convivencia más armónica.  



jueves, 10 de julio de 2014

Convicciones


Hay gente que no es que esté totalmente convencida de sus ideas, es que no conoce otras. Se mueve en el límite entre el conocimiento y la fe. Esta gente se agarra a unos principios recibidos que no se ha atrevido a cuestionar y así combatir el vértigo de la duda.

         Erróneamente muchos consideran que las convicciones ideológicas, políticas o religiosas deben mantenerse inmutables como parte sustancial de la personalidad. Ignoran que corren un alto riesgo de acabar automatizándose si recurren a ellas como a un manual de respuestas para toda situación que surja a lo largo de la vida. El grado de firmeza y contundencia con que se apliquen evaluará la fuerza de esas convicciones.

Sin embargo, esa sólida imagen que se ofrece se desmorona ante cualquier dilema que afecte de una manera más o menos próxima. Sencillamente porque todas las convicciones se forman a partir de creencias, opiniones e ideales. No son más que interpretaciones de la realidad que inicialmente ayudan a entenderla y a moverse por ella.

El mérito está en que uno mismo debe saber forjar sus convicciones personales a partir de su experiencia y un espíritu crítico. No hace falta, pues, asimilar las convicciones de otros para transformarlas y defenderlas como propias.

         

lunes, 7 de julio de 2014

Recuerdos


Con el paso del tiempo las imágenes que retuvieron nuestras retinas pierden su contorno, se diluyen entre sombras haciéndose cada vez más borrosas. Y uno se esfuerza revisando su pasado, tratando de rescatar esos momentos que grabó con frescura. Y con empeño solo reúne una distorsión de líneas, formas y destellos, trazos de figuras refugiadas en la mente en espera de que la memoria acierte a recuperar y ordenar.

Son brumas de recuerdos que se desfiguran y se configuran en distorsionado antojo. Esas reminiscencias de experiencias han ido marcando una vida y resisten a perderse colgadas en el presente en vagas y selectas pinceladas decoloradas. Montan frágiles siluetas del pretérito supervivientes en nosotros, sensibles y tiernas, acumulando velos de niebla que las difuminan poco a poco más hasta confundirlas con la ausencia, hasta converger en metáforas de la luz.

Finalmente, transformadas en informes nubes volarán allá, allá lejos, hacia la región donde habita el olvido pendientes de un gélido soplo que algún día las borre definitivamente.



viernes, 4 de julio de 2014

Big Bang


         La Cosmología Física explica el origen del Universo a través de la teoría del big bang como una magnífica explosión en un único punto donde no se diferenciaban el espacio del tiempo. Fórmulas matemáticas que calculan la expansión de nuestro universo observable la respaldan.

         El conocimiento también tuvo su punto de origen en un momento determinado a partir de una eclosión tan fabulosa como supuestamente tuvo que ser el big bang. No fue un grandioso estallido sino fue en efecto mucho más complejo porque a partir de un todo indiferenciado e indefinido en sí surgió el concepto, la palabra.

         No nos referimos solamente a la palabra como estructura lingüística sostenida por unos fonemas que facilitan su realización o unos monemas que la categorizan gramaticalmente. Se trata además de la palabra como unidad del conocimiento que crea, conforma y jerarquiza las divisiones del saber. Desde entonces el conocimiento no ha dejado de expandirse.

         Y la palabra tuvo que ser anterior al big bang, porque sin ella seríamos incapaces de interpretarlo. Solo así podemos entender el mensaje gnóstico de Juan 1,1: En el principio existía el Verbo y el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios. El Verbo, la Palabra es el principio del saber y del entendimiento.



martes, 1 de julio de 2014

Parecidos


         Qué rabia da que alguien te encuentre parecido con otra persona. Como si te restase personalidad, se tiene una extraña impresión y hace que uno se sienta un cromo repetido en medio de una colección.

         Deberíamos estar acostumbrados. Nada más nacer todos los parientes rastrean señales irrefutables que garanticen la paternidad. Tiene los mismos ojos de su padre... cuando sonríe recuerda a su abuelo paterno... y al final la cara es la solución de un rompecabezas con recortes de todos los rostros que han pasado por la familia.

         Con la adolescencia todos esos rasgos se barajan, y los ojos son de un tío, la barbilla del abuelo materno y el carácter, en plena formación sigue perteneciendo a algún ascendente más o menos próximo.

         Después, con el paso de los años nuestra imagen se hace más visible y se acentúa reviviendo el pasado de otros. Y por mucho que cambiemos el peinado, mudemos el vestir o forcemos nuestra silueta, al final volveremos a ser vivos retratos de alguien.

         Así, en silencio, mirándonos frente a un espejo nos cuestionaremos si en algún momento de nuestra vida hemos sido capaces de parecernos a nosotros mismos.