lunes, 14 de abril de 2014

Huelgas


La clase trabajadora justifica las huelgas como medio reivindicativo para mejorar sus condiciones laborales o defender sus logros sociales. En un primer planteamiento, toda huelga debe estar dirigida hacia la autoridad o entidad que sea responsable del conflicto.

         Las huelgas fueron concebidas en el ámbito de una lucha de clases entre el proletariado y la patronal. Una fábrica que detenía su producción provocaba unos perjuicios para forzar la búsqueda de acuerdos entre trabajadores y empresarios. Sin embargo, lejos de la industria, otro tipo de huelgas, más impopulares, afectan a sectores de la población que se ven privados de un servicio muchas veces necesario. Sea el caso del personal sanitario, recogidas de basura o controladores aéreos. En todos ellos la gente reclama que cuanto antes en los hospitales atiendan a los pacientes, las calles estén limpias y en los aeropuertos fluya el tráfico aéreo con normalidad.

         Es evidente que solo la clase trabajadora puede ejercer su derecho a la huelga y que su repercusión depende del peso que tenga ese sector en conflicto dentro de una sociedad. Teniendo en cuenta estas premisas, una de las huelgas más temida puede ser la del transporte porque dejaría desabastecido un país en pocos días. Y en sentido opuesto ¿se notaría mucho que no acudiese a su puesto de trabajo el rey de España?

 

viernes, 11 de abril de 2014

Redes


         Muchos sociólogos se plantean el éxito que han alcanzado en nuestros días las redes sociales. Superan todo tipo de fronteras y, pese a recurrir a medios de comunicación aparentemente prescindibles, han adquirido casi un carácter obligatorio donde los individuos sociabilizan en un frenético intercambio de mensajes. No formar parte de estas redes, lejos de ser un acto de rebeldía o de resistencia a la imposición de las innovaciones tecnológicas, significa asumir el riesgo de la exclusión social o la marginación. Es el elemento vertebrador del grupo por excelencia, máxime desde que las aplicaciones alcanzaron los teléfonos móviles, los iPhone  y las iPod.

Resulta ahora habitual encontrar a dos personas compartiendo mesa en la terraza de una cafetería y en vez de hablar están abducidas sobre el miniteclado de su terminal. Contrariamente a lo que parece, sí se están comunicando entre sí y además con otros conocidos que pueden estar a una gran distancia. Disfrutan de la inmediatez con que circulan los comentarios y las impresiones. Con todo, también pagan su tributo sometiendo el contenido de sus conversaciones a la banalidad, superficialidad e intrascendencia que puede transportar la brevedad de un mensaje por WhatsApp.

Porque todavía hoy las cosas importantes se siguen diciendo a la cara.

 

martes, 8 de abril de 2014

Platos


         Las técnicas culinarias, ahora tratadas como artes, van desplazando el contenido, no ya por la presentación, sino mejor aún, por el nombre. Platos que no destacan excesivamente por una elaboración compleja ni por unos ingredientes poco habituales se transforman en un manjar gracias a la verborrea del maestro de cocinas de turno.

         Un puré de chirivías se bautiza como Armonía de tubérculos de invierno gracias a la royal de colirábano y al gel de trufa negra que las acompañan, que no dejan de ser un zumo de una especie de col y jugo de trufa. O un potaje de garbanzos con dorada donde las hierbas dan el toque personal se presenta como dorada de estero asada en salicornia con jugo de potaje gitano clarificado, huevos de choco y emulsión de hierbabuena.

Con ello se renueva una asociación, lengua y cocina, que sirvió para conectar la mente con el estómago a través de la imaginación. Un buen nombre para una buena comida abre el apetito y facilita la digestión. No censuremos esta incursión lingüística que ha enriquecido el vocabulario y ennoblecido un oficio. Simplemente recordemos que el abuso siempre está reñido con el buen gusto.

 

sábado, 5 de abril de 2014

Silicona


La silicona se ha tomado como referente para clasificar estéticamente la belleza de las personas, juego en el que principalmente las mujeres han caído. Se ha desplazado el despectivo rubia de bote por el de operada o siliconada. Y curiosamente, a partir de ahí se alinean dos tendencias enfrentadas: aquellas que se operan y callan ante las que critican a las que se operan, incluyendo en este segundo grupo las que cada una que haga lo que quiera, pero yo no me operaría por nada del mundo.

Detrás de todo subyace un principio cultural relacionado con la estética del individuo, independientemente a su sexo. La persona que es atractiva, en líneas generales, goza de mayor aceptación y tiene más probabilidades de éxito. Por tanto, si desde su mismo origen la humanidad se ha venido moviendo bajo estos parámetros, habrá que aceptar que la tecnología y la ciencia también aprovechen sus avances en este campo.

Parece, pues, comprensible y lógico que haya gente que corrija o compense de forma artificial caprichos de la naturaleza. Otra cuestión es invertir el sentido y permitir que un medio para mejorar la imagen se convierta en un objetivo y a la larga en una obsesión.

 
 
 

miércoles, 2 de abril de 2014

Invisibles


         Dentro de la literatura fantástica y de ficción el relato del hombre invisible incita a la imaginación en todas las direcciones. Aunque el personaje de HG Wells tiene numerosos antecedentes literarios, en todos la invisibilidad permite a quienes la disfrutan aprovecharse de las circunstancias, indistintamente de que sea con fines lícitos o no.

         Sin embargo existe otro tipo de invisibilidad no tan deseado. Me refiero a aquellas personas que están, viven y pasan por delante de nosotros y no las miramos, no les hacemos caso, no sabemos nada de ellas. Son físicamente anónimas que pasan desapercibidas porque no sobresalen en ningún sentido del resto. Para ellas, la mayoría de las veces no es una ventaja sentirse ignoradas, al contrario. Se ven desplazadas, se sienten insignificantes y se torturan pensando que nadie notaría su ausencia si llegase a producirse.

         Quizá se hayan acostumbrado a llevar su existencia en esa especie de clandestinidad por no tener presencia ante el resto. Pero no es cuestión de llamar la atención sin más, ni mostrar hábitos estrafalarios ni rebosar histrionismo para que se fijen ellos; quizá sea algo más sencillo, quizá solo sea cuestión de que debamos aprender a ver a todos los que nos rodean.