jueves, 14 de marzo de 2013

Madejas




En algunas ocasiones tratar de poner orden en los sentimientos llega a ser tan complicado como desenredar una madeja de varios hilos.

Las relaciones sentimentales pueden discurrir apaciblemente, ser un remanso de estabilidad emocional hasta que se cruzan accidentalmente otras personas y se desmontan. No son ni sustitutos ni alternativas… son confluencias vitales, todas con origen y motivos independientes que el destino caprichosamente hace coincidir en un determinado periodo de la vida.

Quien se encuentra en medio de este revoltijo de inquietudes, lejos de recibir ayuda, es señalado y condenado por los hábitos sociales más tradicionales, sumiéndose en una total incomprensión.

La madeja, porque en verdad se trata de un enredo sentimental, al final es insostenible y se resuelve por el punto menos esperado la mayoría de los casos. Aun así, siempre deja profundas marcas en el recuerdo de quien la ha vivido.


lunes, 11 de marzo de 2013

Lenguaje




El lenguaje encuentra una definición práctica y sencilla directamente relacionada con la comunicación. Por extensión, muchos sistemas de comunicación reciben arbitrariamente el predicado lenguaje cuando distan mucho de merecérselo. Se toma la parte más funcional y externa del concepto. Por eso se habla del lenguaje de las abejas, de las máquinas…

No, eso no es lenguaje. No por el hecho de que el lenguaje sea exclusivo del ser humano, sino porque el lenguaje sobrepasa con creces el principio de la comunicación. El lenguaje es el producto de la secuencia evolutiva del homo sapiens y en él se encierra un proceso ancestral de análisis de todo aquello que le envuelve.

Solo dentro del lenguaje hay cabida para las observaciones más trascendentes: el origen, la muerte, el bien, el tiempo, el orden… Y solo a través del lenguaje la humanidad ha podido distinguir la diferencia entre los sentimientos y el entendimiento.

Desde que puebla la superficie de la Tierra, jamás el ser humano construyó nada más importante. El lenguaje es el verdadero patrimonio de la humanidad.

viernes, 8 de marzo de 2013

Exámenes




Llámenlo como más les guste: ejercicio, control, prueba… incluso sesión reflexiva puntuable. Eso siempre se ha conocido como examen.

Posiblemente sea el acto académico más absurdo que se haya inventado jamás. El alumno tiene que responder una serie de cuestiones que bajo el punto de vista del profesor miden el nivel alcanzado. Y sin embargo, el examen es un requisito consensuado por todos los estamentos del mundo académico para poder objetivizar el grado de aprendizaje del alumno. Da igual que se realice en el ámbito universitario o se practique en la escuela infantil, el examen condiciona la nota y la nota, los títulos.

Todo un despropósito, es utilizado como herramienta objetiva para valorar si el proceso de transmisión de datos desde el profesor al alumno ha sido satisfactorio. Susceptible de ser adulterado por irregularidades (que el alumno copie, suplantación de personalidad…), una vez puntuado, es cuestionable y recurrible, permitiendo la intervención de personas ajenas a la relación profesor-alumno para que vean, comparen y si tienen una nota mejor, la modifiquen.

La verdadera nota surge del placer que siente el docente impartiendo sus conocimientos y la satisfacción que redunda en el alumno al sentirse que cada día es mejor persona. Y eso no es puntuable ni manipulable.

martes, 5 de marzo de 2013

Amar




Si dejamos de lado los arrebatos amorosos, los flechazos y los impulsos más instintivos, amar, lo que se dice amar de verdad, es bastante complicado. No todo el mundo sabe amar y, lo que es peor, no todo el mundo es capaz de valorar hasta qué punto es amado.

Y no me refiero a las técnicas de amar. Basta ojear cualquier catálogo de complementos amorosos para tomar conciencia de las limitadas ofertas que damos o recibimos en esa materia. No. Me refiero a esa relación en que una persona nos ocupa mucho más tiempo del día que el escueto período en el que nos dedicamos al ejercicio físico del amor.

Y si para amar se exige reciprocidad, también hay que exigir independencia. Y así solo cuando las personas confluyen libremente en su búsqueda mutua, sin condiciones, sin prejuicios ni promesas, entonces sí que podemos decir que se aman.

Y así los amantes no se ajustarán a modelos establecidos, ni a pautas de comportamiento ni ningún código impuesto por una sociedad materialista y desconfiada. Porque amar procede de la conjunción más íntima que puede surgir entre dos personas totalmente libres.


sábado, 2 de marzo de 2013

Aeropuertos




Cuando diseñaron los aeropuertos modernos los arquitectos concibieron un espacio lo más parecido al limbo: la zona de embarque.

Es un sector al que se accede tras pasar los impertinentes controles de seguridad y del que se logra salir ya en otro punto de la geografía mundial, una vez completado el proceso de teletransportación, aunque haya llevado, a veces muchas, horas. Allí concentran a los incomunicados viajeros con destinos dispares, entre tiendas duty free, impersonales cafeterías y librerías políglotas.

El tiempo de espera es largo y tedioso. Tensa calma antes de embarcar que cada uno resuelve como puede o sabe. Mi entretenimiento favorito es observar a los demás. Sus gestos, sus miradas, sus movimientos me sugieren mil formas de vivir. Cuando más concentrado estoy en interpretar esas historias una amable azafata anuncia que se va a proceder al embarque.

Entonces nos damos cuenta de que estamos en el limbo y que lo único que queremos es regresar al mundo de los vivos lo antes posible.